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lunes, 16 de julio de 2012

Rima XXXIII. Gustavo Adolfo Bécquer. (1836-1870)

Rima XXXIII  

Es cuestión de palabras, y no obstante 
ni tú ni yo jamás,
después de lo pasado, convendremos
en quién la culpa está.
¡Lástima que el Amor un diccionario 
no tenga donde hallar 
cuándo el orgullo es simplemente orgullo 
y cuándo es dignidad!

La rima XXXIII de Bécquer, con esta alternancia de versos heptasílabos y endecasílabos y rima asonante en los pares, expresa de una manera sencilla el dilema de distinguir el orgullo de la dignidad.
En cualquier relación de pareja, hay discusiones y desavenencias, palabras y reproches mutuos, situaciones en las que se pone a prueba la capacidad de ambos para superar las divergencias. Pero hay casos en los que, como puede leerse en el poema, los hechos pueden superar a las palabras, a las razones esgrimidas, a las excusas, a la capacidad de comprender al otro, a la empatía. Hay casos en los que lejos de solucionarse las diferencias, se agravan, el tiempo las hace crecer en lugar de cicatrizarlas, las enquista en lugar de hacerlas desaparecer.
El amor es un sentimiento que nace de la aceptación del ser amado más allá de lo que nos resulta gratificante, más allá de lo que esperamos de él, más allá de lo que nos fascina. Quizá una parte de la magia resida en lo que convierte a esa persona en un ser diferente. Y, sin embargo, cuántas veces son esas diferencias las que van abriendo una brecha que con el tiempo se hace insalvable, cuántas veces, a pesar de la conciencia que tengan ambos de ese abismo que se abre entre los dos, a pesar de las veces que hayan tratado de ello, acaban convirtiéndose en un problema sin irresoluble.
Estaríamos de acuerdo si dijéramos que el perdón es la clave para mantener a flote la pareja cuando ésta nos decepciona, cuando quebranta las bases sobre las que se asienta la relación. Por profunda que sea la decepción, considero que si hay amor, hay perdón, y hay perdón cuando se siente el alma en paz, cuando uno está en paz consigo mismo, cuando ha desterrado los complejos, cuando se siente seguro de sí mismo y es capaz de ver en el otro al ser humano capaz de errar en el camino, cuando comprende que aquello que tanto le ha hecho daño podría haberle sucedido a él también. Si no es así, hay resentimiento y rencor, y hay orgullo.
Como tal, el orgullo es un sentimiento que nace de la seguridad de siente uno mismo a partir de saber quién es y a dónde ha llegado, cuando se reafirma en las sus propias convicciones y no sólo no está dispuesto a cambiar, sino que cualquier otra propuesta alternativa pudiera resultarle ineficaz o errónea. Por eso no damos nuestro brazo a torcer y por eso nos podemos sentir, por unos instantes, el ombligo del mundo, cerrando nuestra mente y nuestra alma a entender cualquier propuesta o actitud como inviable, nefasta o equívoca desde una perspectiva moral o meramente práctica. El orgullo es un error en la pareja; ¿lo es la dignidad?
No, por supuesto. Ni en la pareja ni en ningún ser humano sea cual sea su condición. La dignidad está relacionada con el respeto al prójimo y siempre que se veja, se burla, se ridiculiza o se desprecia a alguien, se está profanando su dignidad. En el entorno de la pareja, la dignidad puede perderse atendiendo a las causas enumeradas arriba, pero, volviendo al poema, puede sentirse como una cualidad irrenunciable cuando se vulnera desde la infidelidad. Nos dice el diccionario de la RAE que digno es:

1. adj. Merecedor de algo.
2. adj. Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo.
3. adj. Que tiene dignidad o se comporta con ella.
4. adj. Dicho de una cosa: Que puede aceptarse o usarse sin desdoro. Salario digno. Vivienda digna.
5. adj. De calidad aceptable. Una novela muy digna.

Si atendemos a las aclaraciones que nos proporciona la Lengua, hay situaciones inaceptables para la pareja cuando uno de sus miembros no se siente merecedor de recibir una respuesta o un trato determinados, cuando una situación resulta absolutamente inasumible para uno de ellos. Sentirse indigno ante la actitud o el comportamiento de la persona con la que compartes el día a día es, por tanto, una certidumbre irreprochable y lógicamente subjetiva que nace de los principios y valores que esa persona se ha marcado en la vida. Así que, la dignidad, según esto, se sitúa por encima del amor o el perdón y, por tanto, no tiene que ver con el orgullo visceral o la cabezonería; se trata de una cualidad que no debe perderse nunca y es, a mi juicio, una de las causas por las que la pareja puede romperse sin atender a las palabras, a las razones de peso o a la capacidad de comprender o incluso perdonar.
Y, por cierto, la culpa es mutua.

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