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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Treinta años sin las Malvinas.

Aunque la fecha del aniversario del fin de la Guerra de Las Malvinas queda cinco meses atrás, 2012 es todavía el año en el que se conmemora la derrota de Argentina frente a Gran Bretaña tras el intento de recuperar la soberanía sobre las islas.
A simple vista, si se contempla un mapa, puede parecer que las islas son un territorio insignificante, pero el conjunto del archipiélago consta de más de 11.000 km2, algo más de la Región de Murcia, y dista 500km del punto más próximo de la costa argentina.
Para muchos pacifistas y gente de bien, la guerra no debe ser nunca el recurso para conseguir los objetivos políticos sino que siempre hay que recurrir al diálogo, a las relaciones diplomáticas y al sentido común pensando en los ciudadanos con tal de evitar derramamiento de sangre y la muerte de tanta gente.
La historia de las islas Malvinas está bastante bien documentada. Cualquiera que esté interesado en el tema puede comprobar que desde la ocupación británica en 1833 los intentos diplomáticos de la Argentina y las gestiones diplomáticas se han sucedido sin interrupción con mayor o menor intensidad desde entonces.
Para empezar a abordar la cuestión de la soberanía, no vamos a remontarnos tan atrás; empezaremos veinte años atrás de la guerra de 1982 cuando el 16 de setiembre de 1965 la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Resolución 2065 que reconoce "la existencia de una disputa entre los gobiernos del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la República Argentina acerca de la soberanía sobre dichas islas" de manera que insta a ambos países a "proseguir sin demora las negociaciones" promovidas por el Comité de Descolonización para resolver de manera pacífica la disputa, según la resolución 1514 que dictó la misma Asamblea General.
Es decir, la ONU considera que las Islas Malvinas se encuadran dentro de los territorios afectados por el colonialismo y por tanto, al menos, considera que la ocupación británica en el modo y manera en que es regida, debe acabar y descarta la libre autodeterminación.
En los años setenta, la Asamblea de Naciones Unidas aprueba la resolución 3160 según la cual se reconocen los esfuerzos de Argentina para acabar con la descolonización y en favor de los intereses de los habitantes de las islas, pero reconoce que no ha habido avances significativos. Hay que subrayar que anteriormente, no se facilitaba la integración de ciudadanos de las islas con el continente en aspectos tan básicos como las comunicaciones, el transporte, el comercio o la educación.
A partir de este momento comienzan las tensiones diplomáticas provocadas por decisiones unilaterales del gobierno británico que entorpecieron claramente el avance hacia la descolonización y que finalmente desembocaron en la guerra.
La ocupación de las islas por parte del gobierno argentino fue el primer intento por recuperar el territorio por la fuerza y es probable que no vuelvan a sucederse otros mientras la situación internacional no cambie.
No vamos a entrar en cuáles y de quiénes fueron las primeras noticias de las islas, de qué nacionalidades fueron y en nombre de qué naciones lo hicieron, pero sí haremos una referencia a cómo en la segunda mitad del siglo XVIII España reclama el territorio y lo recupera ante los conatos británicos de instalarse en las islas si bien no logra zanjar la cuestión por vía diplomática. 
Es precisamente este resquicio legal el que sirvió a los británicos para recuperar el interés por las islas a pesar de que a partir de la independencia de Argentina le siguiera el reconocimiento internacional que le autorizaba a ocupar las islas y a proceder con el nombramiento posterior de sus gobernadores.
El conflicto con los balleneros estadounidenses, allá por el año 1832 y el interés comercial de las empresas británicas en torno a las islas, desembocó en la intervención militar que acabó con la expulsión de los argentinos de las Malvinas.
De nada sirvieron los esfuerzos diplomáticos durante más de siglo y medio como de nada ha servido la guerra que iniciara un gobierno tiránico y nefasto para los argentinos. Sin embargo, fuimos muchos los que contemplamos aquella guerra como justa, muchos los que sentimos nuestra solidaridad con los argentinos al poner contra las cuerdas a una potencia colonial orgullosa y decadente, muchos los que hubiéramos deseado una victoria albiceleste porque pensábamos también en Gibraltar.

Vaya nuestro recuerdo por las víctimas de aquella guerra y nuestra solidaridad con la causa argentina. Los británicos han reforzado sus derechos territoriales, pero no pueden llenarse de razón. Ellos que den las gracias a los Estados Unidos por el apoyo incondicional que les dieron y a las Naciones Unidas por velar siempre por la justicia y la paz.




http://www.informatecuador.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=839:de-los-16-enclaves-coloniales-que-aun-subsisten-en-el-mundo-11-son-del-reino-unido-america-latina-en-malvinas&catid=2:opinion&Itemid=14




lunes, 12 de noviembre de 2012

Sofá cama.

El día acaba de vuelta al apartamento después del último cigarrillo en la terraza con el que intento tomar un poco de conciencia de mí mismo.
Tras pasar al comedor, vuelve a repetirse la escena de la noche anterior tendido en el colchón supletorio de un sofá cama que reposa sobre unas lamas quebradizas. Qué vacío e inútil me siento al cabo de una jornada soleada de paseos en medio de una multitud decadente.
Me visto el pijama y me acomodo entre las sábanas bajo una manta envejecida, doblo la almohada y apoyo la cabeza sobre ella para leer un libro, pero apenas puedo descifrar su contenido a pesar de que lo subrayo con la intención de retener alguna idea. La televisión emite su paranoia nocturna, y tú descansas desde hace rato sobre el sofá, como los niños en su cuarto, con los ojos cerrados y el semblante agotado.
Poco a poco, abandono la lectura, apago la televisión y lentamente, sin apenas darme cuenta, comienzo a soñar un lecho de caricias sobre mi cuerpo.