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jueves, 6 de enero de 2011

La confesión del doctor Jekyll.

"Sí, tomé partido por el maduro e inquieto doctor, rodeado de amigos y con la ilusión confiada a honestas esperanzas; dejé caer con un definitivo adiós a las riendas de mi libertad, renuncié a mi otra juventud, a la ligereza de la vida y a los violentos impulsos y secretos placeres que había disfrutado oculto en Hyde.(...) Decidí redimir el pasado con mi conducta futura, y puedo decir honestamente que mi decisión dio algunos frutos. Tú mismo sabes con cuánto empeño trabajé en los últimos meses del año pasado por aliviar mis sufrimientos; sabes que hice mucho por los demás y que aquellos días pasaban sosegadamente, casi felices para mí. Sinceramente no puedo decir que hallara fastidiosa esta vida benéfica e inocente, creo, al contrario, que día a día disfrutaba más; mas aún sentía dos cursos de dobles intereses atravesarme; y tan pronto como se agotó el primer impulso de mi penitencia, mi parte más baja, tanto tiempo consentida, tan recientemente encadenada, empezó a bramar por licencia. No es que yo soñara con resucitar a Hyde, cuya sola idea me aterrorizaba; no, fue en mi propia persona donde sentí ahora la tentación de jugar con mi conciencia, y así, como cualquier pecador secreto, caí finalmente ante los asaltos de la tentación."

La novela sobre la dualidad del ser humano, sobre el desdoblamiento de la personalidad o, simplemente, la novela que simboliza el juego de la doble vida sigue teniendo vigencia hoy en día como uno de los grandes clásicos de la literatura universal.
El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, (Robert L. Stevenson, 1886) representa el dilema de la tentación, la duda ante el camino correcto de la moral, la tentación ante lo prohibido y la fascinación ante el pecado. Una cuestión de fortaleza o de debilidad ante los vicios.
Y es que a Jekyll el asunto se le fue de las manos y lo que comenzó como una exploración del lado oscuro sobre el que ejercía un dominio, acabó convirtiéndose en un "vicio", en algo que acabó por dominar y arruinar su primera vida.
Las apariencias engañan, es cierto, y de lo que veas, la mitad creas, dice una sentencia popular y, al final, todo sale.
Eso sí, mantener esta dualidad, es decir, elegir la vía de no renunciar a ninguna de las dos caras, de las dos vidas, exige tener un dominio exhaustivo sobre tu personalidad y sobre tu vida que muy pocos podrían superar.
Este pasaje refleja muy bien la esencia de la novela de Stevenson: ¿puede y/o debe el hombre renunciar a sus instintos?
Hasta donde la libertad del prójimo y los derechos humanos empiezan, debe renunciar a sus instintos, pero en todo lo demás, se debe explorar, concer y experimentar sin más límites que la felicidad de uno mismo y de las personas que quieres.

3 comentarios:

  1. Pues totalmente de acuerdo con esta reflexión tan bien traída a partir de la lectura del "Jekyll". Paco. Con esos límites claros que nos impone la convivencia, ¿por qué no fomentar dobles, triples y hasta cuádruples personalidades? Un placer pasar por aquí. Petonets!

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  2. En este caso RLS aborda la búsqueda del otro lado. De aquel yo que no dejamos salir y que tapamos bajo la apariencia de nuestro lado moral y politicamente correcto. De aquel que posiblemente sea un ejemplo para la sociedad, de puertas para afuera, pero que está quemando nuestras entrañas de puertas para adentro. En un comienzo, es una investigación, un “a ver que sale”, luego es un proceso que crea adicción, y por ultimo, la lucha interna para que el nuevo yo no domine al antiguo, (lucha sin éxito, por cierto).
    Ahora bien, ¿y si lo vemos como una transformación? Y si la única manera de subsistir es mediante esa evolución? Y si ya no podemos con esa imagen convencional y con esa vida “benéfica e inocente” y necesitamos vida en las venas, vida en nuestro cerebro, en nuestras emociones. ¿Y si simplemente necesitamos cambiar para sobrevivir? ¿Seria una doble vida? Quizá, durante el tiempo de la transformación. ¿Deberiamos renunciar a la transformación, a sabiendas de que hacerlo puede anularnos, o simplemente, volvernos locos? ¿Deberiamos renunciar a sabiendas de que nuestra transformación dejará heridas en terceros? ¿La felicidad de unos es más valiosa que la de otros? ¿Debe uno renunciar a la suya por la de otros? O volviendo al principio… ¿es bueno plantearse la vida con esa doble personalidad? Quizá…. Siempre que no te vaya de las manos…

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  3. Muy buena reflexión; planteas una serie de interrogantes para los que el superhombre de Nietzsche diría sí a todo lo que hiciera evolucionar a la persona, y no a todo lo que le hiciera estancarse, no digamos si lo hace por compasión cristiana. Entre la compasión y el llevárselo todo por delante está tirar hacia delante en pro de lo que te hace mejor, sin limitarte, tomando medidas que no dañen a terceros, o bien, tomar medias éticamente efectivas (no moralmente efectivas) que satisfagan al entorno y a quien las toma.
    Al final, siempre hay que elegir.
    Pero la doble vida es desestabilizante en todos los sentidos, es propia de equilibristas y requiere limitar la conciencia cuando menos para dormir bien.
    Por eso, el superhombre no puede reparar en detalles supérfluos porque lo importante es tomar el camino que no le limite. Pero si la moral pesa como una losa, la vida se reduce a sombras, como las del mito de la caverna. Al final, la verdad está fuera de ella.

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