Páginas vistas en total

domingo, 2 de diciembre de 2012

Seny i rauxa.

Las elecciones catalanas del pasado domingo 25 de noviembre arrojan un resultado sorprendente, pero inquietante para todos a pesar de que las lecturas que se desprendan en uno y otro sentido puedan conducirnos a la euforia, a la prudencia o la tranquilidad; a pesar de que para algunos puedan satisfacer las expectativas previas y para otros sean un fracaso; a pesar de que algunos las lean en clave de castigo y otros sigan vislumbrando una esperanza.
La radicalización del parlamento catalán tras estas elecciones es evidente dado que de los 14 escaños independentistas que sumaban ERC más la pantomima de Laporta hemos pasado a los 74 que suman los republicanos, CiU y el nuevo partido que se incorpora al Parlament. Esta lectura puede conducirnos a pensar que Cataluña está plenamente inclinada hacia la independencia. Sin embargo, estos tres mismos partidos sumaban 76 escaños antes de que CiU se dejara llevar por la pataleta, la aventura y el mesianismo.
La llamada opción soberanista, incluyendo a Iniciativa per Catalunya, alcanzaría los 87 diputados que les acercaría a los 90, es decir a los dos tercios del Parlament; que cada cual haga su propia valoración a partir de los resultados.
Desde los Juegos Olímpicos de 1992, Cataluña no había estado en el panorama mundial tan presente como ahora; si se trataba de ganar protagonismo, ya se ha conseguido. Si se trataba de generar inestabilidad e incertidumbre, la duda sigue flotando en el aire. No hay medio de comunicación que no se haya hecho eco de los resultados electorales de Cataluña y, por su puesto, como aquí, hay opiniones para todos los gustos. De lo que no cabe duda es de que a Artur Mas y a los Odiseos de Convergència el viaje les ha resultado un fiasco,  de momento. Creyeron que podrían capitalizar la movilización de la Diada en su propio nombre y lo que han conseguido ha sido levantar de sus asientos a los catalanes para enviar un mensaje clarito y muy democrático: "quizá la independencia nos seduzca, pero no queremos ir contigo de la mano".
Está claro que Convergència reúne una gran mayoría a su favor, pero se ha olvidado de que para defender la independencia hay ya otras opciones, de izquierdas, por cierto, así que Convergència se ha convertido en el peor enemigo de sí mismo y en el mejor aliado de Esquerra que recoge los votos de los convergentes que, alentados por el independentismo, ven en Junquera un candidato más auténtico, sobre todo ahora que ha moderado el discurso. No sabemos, casi lo intuimos, lo que opinará el sector de Unió Democràtica de Catalunya, la otra cara de CiU; lo que resulta evidente en que frente al "seny" de Duran i Lleida, Mas ha fracasado, de momento, con su impulsiva "rauxa". ¿Recuerdan aquella candidatura de Miquel  Roca al gobierno de España? Eran otros tiempos.
Por su parte, los republicanos de Esquerra tienen razones para sentirse fuertes y árbitros de una situación en la que podrán poner condiciones y culpabilizar al gobierno resultante de incumplir sus compromisos o de tomar medidas antisociales.
Ahora toca realizar nuevos recortes para sanear el estado de banca rota de las arcas catalanas. Mal momento para enarbolar la bandera del soberanismo cuando lo razonable hubiera sido sentar las bases de la colaboración con el gobierno de España para salvar las naves, pero el recurso de huir culpabilizando a Madrid de incumplir con sus pagos cuando el estado está tratando de sobrevivir al naufragio colectivo nadando contra corriente es todo un ejercicio de irresponsabilidad y efectismo electoral cuyos resultados han sido, contra pronóstico, un varapalo para los anfitriones de este desaguisado.
Siguiendo por el arco electoral, los socialistas caminan de debacle en debacle, aparentemente sin rumbo, zozobrando en las aguas de la indeterminación, que es en lo que parece que se ha convertido el recurso del federalismo. Y el Partido Popular confirma una vez más que sus votantes no están dispuestos a callarse ante la rabieta de Mas que les dejaría desterrados en su propia patria. Claro que los votos socialistas no los ha recogido el PP  sino más bien Ciutadans, el partido que a nuestro juicio demuestra ser el más honesto y comprometido con los catalanes y el que más ha entendido cuál debe ser el papel de Cataluña en la actual coyuntura. Políticos como estos hacen falta en momentos de dificultad, personas que apuestan por el bien común y no por los intereses partidistas.
Los candidatos de Iniciativa per Catalunya, por su parte, están contentos. Han aumentado la confianza de una parte del electorado y no tendrán ningún problema en apoyar los referendos que hagan falta con tal de seguir siendo la vanguardia del senderismo, la comuna y la acampada libre. Estos apátridas, cuyo discurso social es plausible, no tendrán inconveniente en reconvertirse al nacionalismo, con tal de ser coherentes con su discurso libertario, eso sí, coyunturalmente catalanista frente a un españolismo pasado de moda.
Para terminar el recorrido por los diferentes partidos concurrentes con representación parlamentaria no damos la bienvenida a C.U.P, siglas que significan lo mismo que Herri Batasuna, el partido de extrema izquierda auspiciado por Arnaldo Otegi. Se trata de un grupo de nostálgicos de Terra Lliure, simpatizantes con cualquier nación oprimida del mundo, que parecen tomar el relevo de Cataluña Sí.
La lectura de los votos ofrece otra perspectiva: CiU representa sólo a un tercio escaso del electorado y registra una pérdida de 100.000 votos, pero Esquerra lo duplica con creces. El PSC sólo pierde 50.000 y el PP aumenta en casi 100.000. Iniciativa aumenta 125.000 votos y Ciutadans, 170.000. Por último, CUP recoge 126.000 votos. Un panorama balcanizado, sin duda. Los independentistas, incluimos a los neófitos de CiU  no alcanzan el 50% de los votos escrutados. Claro que, podemos incluir a Iniciativa que, al menos, se muestra partidario del referéndum.
Como puede comprobarse, las lecturas que se hagan de estas elecciones anticipadas nunca serán totalmente coincidentes y parece evidente que si se quiere comer del plato del independentismo, de la autodeterminación, del derecho a decidir o del soberanismo, no se sabe bien qué es lo que se quiere guisar, en la cocina del nuevo gobierno tendrán que ser muy ingeniosos para elaborar una receta que ligue la carne y el pescado en un mismo plato.
Colores los hay para todos los gustos. En los estados federales de mayor prestigio, véase los Estados Unidos o Alemania, o en los confederales como Suiza, ni siquiera está contemplado el derecho a la autodeterminación o a la secesión, pero se pretende que España, que funciona como un estado federal en la práctica, autorice de repente que una parte de su territorio haga lo que le parezca con las leyes. Que Gran Bretaña o Canadá lo permitan quizá se deba a que son otros países con otra historia y otra ordenación que no es la nuestra.
En términos domésticos, se suele expresar el símil de que esto es como un divorcio en el que una de las partes quiere separarse y, como es natural, el divorcio se produce e incluso los excónyuges pueden seguir manteniendo buenas relaciones. Entonces, es evidente que cualquiera de los dos puede decidir que quiere la separación o el divorcio. Cataluña sería más partidaria de la separación. Sin embargo, también se puede comparar la actual situación política con la del enfermo al que le van a extirpar un brazo o una pierna; ¿no habrá que consultar al paciente antes de extirpar el miembro si da su autorización para que se proceda a la amputación? Me parece que sí.
La consulta electoral podría interpretarse en clave de referéndum sin que fuera necesario llegar a la ilegalidad de convocarlo. No habría que forzar más las cosas si existiera voluntad por parte de todos de solucionar el conflicto y pensar en los problemas reales de los ciudadanos. Lo que pasa en Cataluña, desde diez años para acá, es que los políticos catalanes están, consciente o inconscientemente sumergidos en una campaña antiespañolista que parte de la queja continua y camina por la senda del constante agravio comparativo en lo que se refiere a la intervención del Estado en política de infraestructuras, por ejemplo, y actualmente, con la llegada de la crisis, en temas de fiscalidad.
Quizá ha llegado la hora de poner fin a la inmovilidad de las estructuras del Estado, la hora de preguntarnos todos los españoles si compartimos nuestro actual ordenamiento pensando en el beneficio común. Ahora que los organismos de gobierno se simplifican para limitar el gasto, podría ser el momento de entrar en el debate sobre el modelo territorial con el fin de limar asperezas, de acercar posiciones, pero falta valentía y determinación para hacerlo. La constitución está madura, muchas cosas han cambiado desde 1978, ¿por qué no habríamos de proponer ciertos cambios en el seno del diálogo?
En cualquier caso, el Partido Popular, que representa en España una gran mayoría, guste o no guste, una mayoría superior numéricamente a la que representa CiU en Cataluña, no es el interlocutor más adecuado para liderar este debate. Convergència, por su parte, no tiene la honestidad para reconocer su error ni la voluntad para entrar en ese debate en estos momentos.
Se requiere, por tanto, un ejercicio de voluntad por parte de la clase política para estar a la altura de las circunstancias. Cumplir con la ley y hacerla cumplir no va a eliminar el problema; saltársela, tampoco. Lo único que se conseguiría sería incrementar la distancia entre el resto de España y una parte de Cataluña. La constitución puede cambiarse, pero no por la conveniencia de una minoría, sino por el acuerdo de todos los interesados. El actual modelo de Estado no es tampoco inamovible y quizá en la actual coyuntura de recortes ésta sea la asignatura pendiente, la que tiene mayor alcance y la que nos convenga a todos, no a los partidos, sino a los ciudadanos.

2 comentarios:

  1. Magnifico análisis Paco, y desde todas las vertientes posibles, y sin lecturas partidistas, algo de lo que pecan todos y cada uno de los medios de comunicación de este país. Tan solo añadiría una cosa sobre él, tomando como partida el ejemplo del divorcio. Si una parte es libre de pedirlo, bien como divorcio o como separación, en este caso, no habría pensión de manutención (aunque seguro que si se esperaría dicha pensión...), pero, volviendo al tema: si la primera parte es libre de pensarse el pedirla, no sería justo que a la otra parte también se le preguntase? Si tu mujer o tu marido te ponen en la mesa que quizá te quieren dejar y largarse por su cuenta, no tienes tu el mismo derecho a plantearte lo mismo, y decir: No es que te vayas tú, es que ahora, no te quiero yo... Y a partir de ahora, la visa se cancela.

    Evidentemente, para que dos estén juntos, tienen que estar de acuerdo en quererlo, y basta que uno solo no quiera. Aquí, lamentablemente, no se trata de dos, sino de 17. Los reinos de taifas siguen plenamente vigentes más 500 años después, y seamos sinceros: la excusa cada vez menos soterrada es una "presunta" supremacía económica que les permitiría vivir mejor. Como decía el otro, "hala, que a ver donde vas a ir, que más te quieran...."

    ResponderEliminar
  2. Si las cosas se tuercen al extremo, me duele reconocerlo, habría que enseñarles la puerta y, desde luego, tendrían que llevarse todo lo que les pertenece, incluida la deuda que acumulan. Entonces, la inversión del estado podría revertir en las regiones más desfavorecidas.
    Me duele la falta de solidaridad de Cataluña y la falta de comprensión del resto de España.

    ResponderEliminar