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jueves, 11 de agosto de 2011

Insolación. Iván Bunin (1870-1953).

Cuando llegué al lugar de la cita, ella no estaba. Hacía calor y la plaza permanecía desierta. Anduve unos pasos hacia la derecha buscándola con cierta ansiedad y luego los deshice para otear al otro lado. Pensé que quizá la encontraría bajo la sombra de algún árbol protegiéndose de un sol de justicia que caía a plomo a las cinco de la tarde.
Y entonces, descubrí su silueta; recogidas las piernas sobre el banco en el que estaba sentada, alzó la mano y al cabo de unos segundos se levantó y echó a correr hacia mí para fundirnos en un abrazo. La acompañé hasta el banco en el que había dejado el libro que estaba leyendo y, tras comentarlo brevemente, iniciamos una larga conversación sobre Literatura y Pintura. Resultó extraño porque no era la primera vez que nos enredábamos en esa madeja, y, sin embargo, hacía una hora "ni siquiera sospechaba de su existencia". Era como si hubiera nacido para mí en ese instante. Me propuso visitar alguna pinacoteca, pero entonces el azul con que adornaba sus ojos, a juego con el vestido, me había embaucado y no quise perder la ocasión de seguir contemplándolos el tiempo que fuera posible.
Después le propuse tomar algo y ella aceptó. Nos acomodamos en una mesa a la sombra de una acacia y proseguimos la conversación, esta vez vertida en aspectos más personales mientras saboreaba una cerveza. Ella prefirió un helado que se tomó sin ninguna prisa hasta dejar que se derritiera sobre el plato. Durante un tiempo que no podría precisar, la tarde se llenaba de voces y ajetreo y comencé a perder contacto con la realidad, me sentí ficción, inquietante ficción a su lado y quizá yo no era quien soy en realidad ni ella fuera quien yo quería que fuese.
Lamenté no tomar sus manos entre las mías, no ceñir su cintura mientras paseábamos por la umbría vereda. Recuerdo que me pidió un beso y, al rozar sus mejillas, levantó el vuelo y se mezcló entre las notas de un redentor y melancólico saxo que entonaba una balada.
Esa tarde fui consciente de que "lo que había pasado allí, no había pasado antes ni sucedería de nuevo". Fui "consciente de haber envejecido diez años".


Iván Bunin, escritor ruso premio Nobel de Literatura en 1933, escribió el relato titulado Insolación.

es.scribd.com/doc/94757083/BUNIN-El-Pastor-y-Otros-Relatos#outer_page_23 

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