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lunes, 11 de julio de 2011

Effi Briest y el deshonor.

La Literatura Realista europea, empeñada en criticar a la clase social que la vio nacer, tan fotográfica, tan descriptiva, tan empírica y tan moralista, recurrió a la mujer como uno de los elementos fundamentales para lograr sus objetivos más allá de lo literario y, de hecho, podemos afirmar que por sí misma se constituyó en objeto de análisis, de modo que protagonizó títulos como Madame Bovary, La Regenta o Ana Karenina, entre otros.
Como denominador común, ya sea en el contexto burgués, altoburgués o aristocrático, subyace la crítica a la hipocresía de una sociedad conservadora que no tolera comportamientos al margen de la moral dominante, como por ejemplo, la infidelidad conyugal.
En esta línea se sitúa la obra maestra del realismo alemán, Effi Briest,(1893) de Theodor Fontane (1819-1898).
Effi se casa con Geert von Instetten quien le dobla la edad y es un desconocido para ella. Como esposa de un alto funcionario de la administración, le sigue en sus traslados, tiene una hija y vive cómodamente sin demasiados alicientes hasta que conoce al comandante Von Crampas. La relación se intuye, pero no se explicita hasta que años después su marido descubre las cartas que se escribían y las citas que mantenían a escondidas. A pesar de que la relación había concluido al trasladarse la pareja a Berlín, Instetten decide zanjar la cuestión a través de un duelo como consecuencia del cual muere Crampas.
El conflicto, resuelto en frío, con la misma frialdad con que el narrador nos va describiendo la sociedad prusiana, presenta el dilema moral con igual objetividad, sin hacer juicios de valor.
Instetten reflexiona: "Quiero a mi mujer por extraño que parezca y me siento inclinado a perdonarla". Entonces, por qué no lo hace si han pasado siete años y tan sólo él es conocedor de la relación, ya acabada, que mantuvieron Effie y Crampas. Porque, según sus propias palabras, "en la vida social se han establecido unas leyes de convivencia (...) y nos hemos acostumbrado a juzgarlo todo en virtud de esas normas, a juzgar a los demás y a nosotros mismos".
Instetten siente el peso de la moral en la que cree y no va a permitir pasar por alto una cuestión de deshonor en la que él mismo es víctima, juez y verdugo.
Al transmitir a Wüllersdorf su deseo de batirse en duelo y su petición de que sea su padrino, ya ha hecho pública la ofensa y hace una interesante reflexión que hoy en día podría parecer exagerada sin que por ello sea menos razonable:
>>>"Pero el secreto ya no existe. Y aunque fuera la discreción personificada y pudiera guardarlo ante los demás, usted ya lo sabe, y el que me haya dado la razón y me haya dicho que lo entiende, no me protege contra usted. Desde este mismo momento, y ya no hay vuelta atrás, sería objeto de su compasión, algo que no es nada agradable, y cada palabra que me oyera intercambiar con mi mujer estaría sujeta a crítica. No podría evitarlo, y cuando mi esposa hablara de fidelidad o se dedicara a juzgar a otras, como acostumbran hacer las mujeres, usted no sabría dónde mirar. Y si al abordar uno de tantos casos de ultraje u ofensa del honor, yo adoptara una actitud benevolente "porque no ha habido voluntad de dolo" o por algo parecido, la sombra de una sonrisa cruzaría su rostro, o cuando menos sus labios se contraerían de forma involuntaria, y pensaría para sus adentros: "El bueno de Instetten tiene una verdadera pasión por examinar todos los componentes químicos de los ultrajes y nunca encuentra una cantidad de ofensa que resulte suficientemente dañina, porque a él nunca le daña nada...", ¿Tengo o no razón, Wüllersdorf?".
Lejos hoy en día de considerar la venganza como una vía expiatoria, Instetten, a quien le pesa haber tomado esa decisión que cree adecuada, por otra parte, reflexiona en estos términos:
>>"Debería haber quemado las cartas, y el mundo nunca se hubiera enterado de nada. Y cuando ella hubiese llegado, sin sospechar lo que había pasado, tendría que haberle dicho: "Este es tu lugar", y a nivel íntimo me habría separado de ella. Pero no ante el mundo. Hay tantas vidas que no son vidas reales, hay tantos matrimonios que no son matrimonios reales... Se habría acabado para mí la felicidad, pero ahora no viviría acosado por esa mirada interrogante y esa afable, silenciosa acusación".
Instetten dio categoría de público a lo privado y una vez que toda la maquinaria se ha puesto en marcha, la sociedad debe actuar como se espera de ella. Hasta los padres de Effi reniegan de su hija, hasta su propia hija ha aprendido a no quererla.
Effi sabe que se ha equivocado, pero sabe muy bien en qué mundo vive:
>>"Me repugna pensar en lo que hice, pero más me repugna aún toda vuestra virtud".
Así que, yo me pregunto si la infidelidad es justificable, hasta qué punto uno puede controlar las situaciones que conducen a la infidelidad, si uno puede o debe retroceder y controlarse, si deben tomarse estos bretes como un signo del fin del matrimonio o si son el motivo que debe conducir a un cambio interno en la pareja, por supuesto siempre que se comunique, como paso previo a la separación definitiva en caso de que la relación no se reconduzca.
Quizá tampoco se piensa hoy en día en cómo queda nuestra imagen cuando confesamos este y otro tipo de situaciones íntimas en las que nos vemos envueltos. Quizá no se hace porque vemos en nuestro confidente a un alter ego que nos va a ayudar a reflexionar en voz alta. Sin duda lo hará y sin duda será así, pero nunca sabremos del todo qué se guarda para sí de la opinión que le merecen nuestros actos porque el código de comportamiento aconseja mostrar ante todo comprensión, nunca crítica.
Y es que siempre habrá ocasión de ser políticamente correctos. Porque la moral es la costumbre, un hábito desdeñable y carente de toda virtud.

2 comentarios:

  1. Que la mujer sea el punto de mira de la novela realista no me había llamado la atención hasta tu muy acertado análisis, pero no puede ser de otra manera. Las mujeres somos quizá el barómetro de la sociedad, tanto para ver su avance, como su hipocresía. Si me gustó Effi Briest fue por lo que dice sin decir, por ese deleite en la descripción de todo lo de alrededor y unos personajes tan encajados en lo que deben hacer, en lo que se espera de ellos, que aunque quisieran, no pueden salir de ese papel. El adulterio de Effi no juega ya ningún papel cuando lo descubre el marido, ni para ella ni para él, pero todos han de reestablecer la moral, que no es otra que la costumbre, como bien dices. Por lo que me toca, me alegra que te haya gustado.:-) http://encuerdafloja.blogspot.com/2010/05/effi-briest.html

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  2. Gracias por tu comentario, por regalarme el libro y por la referencia a tu blog en el que comentas la novela. Cuando escribí la entrada busqué la tuya en tu blog, pero no la encontré a pesar de que la había leído anteriormente.
    Es cierto, la mujer es uno de los barómetros de la sociedad. La literatura española está plagada de títulos en femenino y sólo Galdós tiene unos cuantos.

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