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viernes, 26 de abril de 2019

Reservada y prudente.

Eres tan reservada y prudente
que hasta te guardas de decir lo que me amas.
Tu sonrisa dimana felicidad
cuando me ves aparecer,
cuando te miro o me acerco a ti
con alguna carantoña
o cuando te suelto alguna ocurrencia
aunque ya no te sorprendas.
Simplemente, agradeces el gesto
en cualquiera de sus formas
porque cuentas conmigo
y sabes que te amo.
No dices nada; lo pesado que resulto,
-empalagoso a veces,
demasiado previsible y tópico casi siempre-.
Tú, simplemente, callas y sonríes.
Así que, cuando dices que me amas,
cuando dices que me quieres mucho,
que me echas de menos,
entiendo que soy más que un chico majo
que ya peina los cincuenta,
entiendo que soy más que una buena compañía
con quien ver la serie de sobremesa,
más que un buen amigo con quien ir al cine
en versión original, más que un confidente
con quien compartir tus vivencias,
incluso más que un buen amante -eso espero-.
Cuando dices que me amas, que me echas de menos,
tu ausencia, esta soledad,
el vacío que dejas y el silencio que guardas,
todo cobra sentido,
hasta mi propia existencia.

jueves, 15 de junio de 2017

Tan cerca de mí, tan lejos de todo.

Mientras lees esa novela
bajo la sombrilla azul a rayas,
con tus gafas de sol tintadas
y tu sombrero de papel favorito,
tus pies remueven la arena
y la horadan continuamente
en un surco vertical que vas trazando
como si buscases el frescor
del agua filtrada.

Ensimismada en la lectura que sostienen tus manos,
apoyas el libro entre las piernas desnudas
y la tela del bañador que cubre tu vientre.
El mar colma los sentidos,
su incesante murmullo
envuelve cada línea, cada párrafo
que recorren tus ojos
y cuando te detienes y alzas la mirada,
y tus dedos acarician la piel de esa página,
me pregunto qué estarás pensando,
qué circunstancia, qué personaje
anida entre el horizonte y tus yemas
para dejarte anclada de una reflexión o de un recuerdo.
Pero yo me callo y permanezco en silencio.

La gente pasea con aire cansado.
Tú la observas con quietud y aparente indiferencia
y juegas con la esquina de esa página
que te cuesta pasar,
detenida en tus pensamientos,
entre el pulgar y el índice,
tan cerca de mí, tan lejos de todo.


domingo, 17 de abril de 2016

El espíritu de la negociación.

El panorama político actual es francamente interesante, sobre todo después de las última elecciones generales en las que el Partido Popular ha vuelto a ganar.
Del llamado arco parlamentario ha surgido una diversidad previsible como reflejo del cansancio de los españoles ante la vieja política y como fruto del desgaste de unos y otros después de los años duros de crisis económica.
Sorprende que el Partido Popular haya vuelto a ganar, no así la pérdida de votos y escaños como consecuencia de las medidas tomadas por la crisis económica, la traición a sus votantes tras el incumplimiento del programa electoral y los numerosos casos de corrupción. Sin embargo, no debemos perder de vista el hecho de que, a pesar de las medidas impopulares, el Partido Popular ha vuelto a sacar a España de un verdadero atolladero después de que explotara la burbuja económica en la que vivíamos fruto de las políticas que ellos mismos y el Partido Socialista han llevado a cabo a lo largo de los años de democracia.
El Partido Socialista ha obtenido el peor de los resultados de la democracia ya que no ha podido reponerse de las consecuencias nefastas del gobierno Zapatero así como tampoco ha sido capaz de desarrollar un rumbo coherente como partido socialdemócrata; todo lo contrario, más bien ha emprendido una senda zigzagueante en busca de una nueva identidad de izquierdas que no ha sabido perfilar nítidamente. Asimismo, se ha dejado seducir por los nacionalismos, sobre todo en Cataluña para rectificar finalmente justo cuando el proceso independentista parecía imparable.

Está claro que de la pérdida de votos de los partidos tradicionales que se han alternado el poder se han beneficiado Podemos y Ciudadanos, los llamados partidos emergentes. Podemos ha logrado generar un discurso coherente desde la base del 15M, del hartazgo de la sociedad que más está sufriendo la crisis y del desgaste del sistema político actual. Además de no tener antecedentes para sufrir un desgaste de votos, se ha nutrido de los votantes radicales nacionalistas en favor de la autodeterminación, lo cual explica el aumento de los votantes en los últimos comicios.
Respecto a Ciudadanos, su entrada en el Congreso ha sido un éxito a pesar de que se esperaba que fuera mayor el apoyo que recibiera de los votantes. Quizá su papel como partido indefinido entre la izquierda y la derecha tradicionales y el sello que se le ha puesto de marca blanca del PP, no le ha permitido despuntar de la misma forma que lo ha hecho Podemos, que ha fagocitado el voto de la antigua Izquierda Unida.

A unos y a otros se les ha llenado la boca diciendo que hay un nuevo tiempo para la política, para la regeneración del sistema democrático, para el diálogo abierto, para ser capaces de pactar, de entenderse, de tomar la política como la plataforma para solucionar los problemas de los ciudadanos al margen de las ideologías, de las líneas rojas y sin embargo, ¿qué tenemos después de la designación por parte del Jefe del Estado del candidato para la formación de un gobierno? Lo mismo de siempre.

El Partido Popular ha querido pactar, no estoy muy seguro, sobre la base de su programa y ha pretendido que el resto de partidos constitucionalistas se sumen a sus medidas sin tener en cuenta el contexto de corrupción en el que se han visto implicados algunos miembros de su aparato político;
El Partido Socialista se ha negado, desde el primer momento en que Rajoy fue designado por el Rey como candidato, a pactar con el Partido Popular sin que conozcamos otras razones más allá de la conocida oposición típica entre la izquierda y la derecha, cuando la mayoría de los ciudadanos somos conscientes de que hay más puntos en común entre estos dos partidos de los que se pretende escenificar como verdaderos. Parece que conviene tener un oponente que batir desde un punto de vista electoral para seguir teniendo una posición en el panorama político;
Podemos se niega a pactar si está en ese pacto Ciudadanos y estos, a su vez, se niegan a pactar si ocurriera lo mismo con Podemos.

¿Qué ha ocurrido entonces? Que Socialistas y Ciudadanos han llegado a un acuerdo que se basa en el desarrollo de más de 200 puntos con los que pueden dar salida a una serie de medidas que satisfarían las expectativas de su militantes y, por ende, de muchos millones de votantes. Pero han llegado a una vía muerte una vez que ni el Partido Popular, porque no estarían en primera fila en ese pacto, habiendo ganado las elecciones, ni Podemos, por no poder pactar con partidos de derechas, según ellos, van a sumarse a ese pacto.

¿Qué está ocurriendo, por tanto? Que ese espíritu nuevo de negociación, esa segunda transición, esa España nueva, ese nuevo estilo de hacer política se ha quedado en mera palabrería. Esa actitud que parecía que iba a caracterizar una nueva etapa y a unos políticos nacidos en democracia está brillando por su ausencia y parece que las esperanzas de cambio en la capacidad negociadora de los líderes actuales se están desvaneciendo incluso entre aquellos que, como Rivera o Iglesias, han subrayado tanto en esta necesidad.

Los españoles estamos, después de cuatro meses, en una situación de estancamiento, de punto muerto, tras la cual se abre un nuevo turno electoral que poco o nada va a aportar como novedoso. Seguro que muchos votantes se sentirán frustrados o decepcionados y puede que muchos opten por abstenerse en lugar de perder el tiempo acudiendo a las urnas, porque, al fin y al cabo, el país funciona. Puede que muchos otros vuelvan a votar lo mismo porque estén convencidos de que lo hacen por la mejor opción para su país. Y puede que el espíritu de la negociación, ese nuevo estilo de hacer política, se desvanezca poco a poco hasta el punto de decantar a los votantes por las opciones tradicionales que en la elecciones del 20D habían desestimado. Sea como fuere, todo esto confiere a los españoles el papel de espectadores de un fracaso, de una farsa en la que sigue primando ser de izquierdas o de derechas y no cuáles son las necesidades de los ciudadanos.

lunes, 28 de marzo de 2016

Para prescindir de ti.


Para prescindir de ti
(perdona que lo exprese de este modo)
sería preciso retorcerle el sentido al pensamiento,
pensar, por ejemplo, que en tu ausencia
no se anula el tiempo,
que sigue siendo útil
para ocuparlo con proyectos. Y, si bien,
requeriría un aprendizaje
de días o semanas
en los que, centrado en mis quehaceres,
no sucumbiera a la añoranza
que entretiene mi mente
y paraliza mi cuerpo,
ya no penaría en la zozobra del recuerdo
al sentirme privado de ti,
ni me abordaría la inquietud
de saberte o dudarte
prendida en otros ojos.

Todo sería distinto

si aprendiera a prescindir de ti
porque aquella que recorre
los pasillos de mi casa,
quien entra en el salón
y se despoja del abrigo
sin colgarlo en la percha
(allí sobre la silla está bien,
todo junto, con el bolso, el gorro y la bufanda)
la que llega y directamente se sienta,
y pide agua, con el móvil
en la mano, las piernas cruzadas y la mirada
perdida en la pantalla,
esa no eres tú,
sino la idea de ti
que vaga alrededor en tu ausencia,
aquella que en el baño
perfila las pestañas y se peina,
o se ducha sin jamás cerrar la puerta.
No, no eres tú, sino la imagen de ti
sobre el sofá cuando te abrazas con la manta,
de ti, perdurable y constante
cuando te tumbas en la cama,
bocabajo, como siempre,
en silencio y me esperas.


lunes, 25 de enero de 2016

Paraíso.

No he pretendido jamás
el paraíso,
no he perseguido sus dones,
el idilio de sus frondas,
la apacible suavidad
de vergeles anhelados,
nunca subí por la escala
que conduce al firmamento
a ceñirme la armonía
de los astros y los cuerpos
celestes.

Yo camino, en todo caso,
en pos
del edén de la mañana,
que no se encierra en espacios
remotos, imaginados,
recónditos, ni soñados,
que no se fecha en el tiempo,
que no puede recordarse,
voy detrás de los vestigios
de los templos que se alzaron
en las cumbres de la nada,
de la verdad intangible
que nunca tendrá su forma,
de la pureza que anida
sobre una tierra latente
en un ignoto remanso.

Y así, sereno,
poco a poco, paso a paso,
me voy sumiendo en tu seno,
voy caminando la senda
que conduce a tu regazo,
y persigo tu mirada,
el sutil itinerario
que tus pupilas me enseñan,
el idilio de tus frondas,
la armonía de tus dones,
el jardín de la mañana,
las parcelas de tu piel,
los secretos de tu carne,
desplomarme sobre el tiempo
para sentir que es tangible
el edén en el que late
la inquietud de los remansos,
donde habita la pureza
de tus ojos y mis pasos.

martes, 26 de mayo de 2015

Renacimiento.


Sólo quiero vivir en paz,
renovar mi cuerpo desde el dolor causado,
desde el perdón que pido a voz en grito,
abrir mi casa de par en par
a la vida que resta por vivir
como un don que no merezco.

Y si he de vivir en este absurdo
con nuevo afán
para afrontar cada proyecto,
que no sea en vano,
que quienes me rodeen cada momento
crean que mi voluntad es sincera,
que está cargada de sentido
aunque haya de vivir en este absurdo.

Yo quiero redimir mi culpa
sin echar la vista atrás, quizá lo justo
y necesario, y arder en el fuego eterno
si es preciso, y ahogarme en el agua
de mi nuevo bautismo,
que anegue mis pulmones
y revienten cuando ya no puedan contener
su transparencia. Y cuando se renueve
mi alma desde el cimiento de las cicatrices,
quiero ascender desde el infierno
hasta las cumbres del paraíso
a esperar que llegue la hora,
a corazón abierto,
sin otro techo que el cielo de tus ojos.



sábado, 9 de mayo de 2015

Invocación.

Sobre esta playa, bella Doris, sobre la arena que templa
el sol del mediodía, al pie de tus aguas bautismales,
yo te invoco, diosa de la mar mediterránea,
para que emerjas desde tu abisal descanso
a socorrer a este proceloso marinero
en busca de su Argos.

Yo te conjuro, hermosa oceánide
de melodioso canto, a recibir
mi ofrenda al cobijo de los acantilados,
a beber melifluo néctar
y blanco jugo de mis manos.
Surca el mar coronada de corales rojos, acude rápido,
deslízate a través de las corrientes
cubierta con la túnica iridiscente
y atiende mi llamada.



viernes, 24 de abril de 2015

Cáliz de la aurora.

Busco la verdad
entre quienes me rodean,
el sentido de las cosas
que acontecen a mi alrededor,
quiero entender sus motivos,
los fines últimos
por los que se sucede
el arte de lo cotidiano.

Busco en mi casa vacía,
entre objetos que no me pertenecen,
entre multitud de proyectos ingratos
un palmo de tierra sólida
y firme sobre la que asentar
mi cuerpo inerte, mi mente cansada,
quiero encontrar el impulso que da sentido a la vida,
por el que todo se sucede.

Busco, pero no lo encuentro
si no es en ti,
cáliz de la aurora,
que brotas del invierno
en la planicie como una estrella,
como la verdad primera
desde el invisible remanso
del firmamento añil.

Ça va.

Bonjour, ça va!
Un susurro al oído
despereza la mañana
calada por el frío del invierno que comienza.

La luz de las calles
aún ilumina con intensidad esta hora temprana
y se calzan los zapatos de la gente
que transita con diligencia
camino del metro.

El tiempo apremia.
Me dispongo al trayecto
con mi última lectura,
a ritmo de cada estación,
una cuenta atrás interminable
-il en reste neuf, il en reste trois-
durante la cual te intuyo
y adivino tus ojos lectores detrás de cada página
o entre la multitud
ensimismada que surca los pasillos del metro.

En la calle,
todo me conduce a ti,
en la orilla turbadora de este amanecer,
en esta encrucijada en la que podría ensayar
un Comment ça va?,
como un guiño antes de subir a tu coucou de colección.

Todo podría ser un sueño
tras cerrar la puerta 
y ocupar mi asiento,
rumbo al este,
hacia el sol que apenas remonta el cielo,
le soleil que baña nuestros rostros
e ilumina las palabras.

Un sueño de abrigo y bufanda,
con gorro jaspeado,
en route, rumbo al este,
donde espera el mar que tantas veces contemplaste
para atrapar su incesante murmullo en una imagen.
Si todo fuera un sueño
qué agradable sería probar la sal de tus manos,
restañar las heridas de la memoria
en cada tramo que abandona el camino,
qué agradable sería
ataviar de besos tu perfil sereno
y transitar el horizonte de tu mirada
que se eleva sobre el asfalto.

evocar La Bohème
que musitan tus labios; ser el pintor
que matiza las líneas de tu cuerpo
-la ligne d'un sein, la ligne d'une hanche-
reclinada en la chaise long
entre sábanas de azul intenso.
Pasear por las calles de Montmartre
confundidos entre la multitud
y tomar un café dans ce bistro tras hacer un alto en el camino.

Si esto no es un sueño,
quién eres tú,
qué cuerpo suplanta mi voluntad,
qué inquietud agita mis huesos
tensa mis manos.

Al pie de la playa
sopla un aire frío y violento.
Quise asirme de tu brazo,
sentir la maravilla de tu cuerpo,
pero no sabía aún quién eras,
ni qué magia envolvía
ese instante breve e intenso
en el que volaron los besos
justo antes de partir
rumbo al oeste sumergidos en un sueño.



No diré que te amo.

No diré que te amo
mientras me hierva la sangre al contacto
de tu mano amiga;
que mantienes sonriente la mirada
y acaricias mis dedos
sin apenas esperar de mis labios
la aurora que se anuncia,
el horizonte vasto que se calla.

No diré que te amo,
no perderé el segundo de un abrazo
en el que derramemos
a un tiempo el corazón;
no, no malgastaré
el tiempo mientras tenga
la certeza de ser,
de estar, de vivir plenamente en ti.

Así, mientras contengas mis sentidos
prendidos de tu voz consoladora,
de tu mirada viva,
de tu tacto sereno
poblado de caricias,
de tus besos sinceros
y del aroma fresco de tu piel,
nunca diré te amo,



domingo, 21 de diciembre de 2014

Muerte y resurrección de Ardena.

Tu corazón dejó de latir,
pero tu sangre aún fluye por mis venas,
la sangre que irriga mis órganos
y otorga la vida que quisiste vivir,
la vida que irremediablemente me acompaña
y se dilata en fragmentos.

Miro tus pálidas manos

mientras te decoloras
bajo un rígido azul
que atrofia los huesos.
Tus dedos se corrompen
como el licor del último brindis
derramado sobre el sepulcro que contiene tu cuerpo. 

Me postro ante ti.  Estás muerta, Ardena,
pero resucitarás de los vapores
como el fuego fatuo.

¿Quién sostendrá tu esqueleto
sin llevarse los jirones de tu piel enamorada?
¿Quién podrá decir
que no amaste ni fuiste amada
bajo el almendro florido del invierno?

lunes, 9 de junio de 2014

Ocho apellidos vascos.

Primero vi el trailer de la película y lo que más me llamó la atención fue ver a Dani Rovira rodeado de ikurriñas cantando "Euskadi tiene un color especial". Pensé: " Mira, el de los monólogos ha conseguido hacer una película". Y luego me sorprendió que el tema de la kale borroka fuese un elemento integrante de su argumento.
Durante días, fui escuchando el anuncio de la película en los medios de comunicación y no llegó a llamarme la atención, me parecía una película de humor montada a partir de una serie de tópicos y poco más.
Poco a poco, la gente de mi entorno comenzó a formar parte del público cada vez más numeroso que había visto la película.
-"Ah, sí. Y ¿qué tal?"
-"Genial, te partes de risa, tienes que ir a verla". 
La semana siguiente, y la siguiente, casi todo el mundo que conozco ya la había visto y además, en la radio, no sólo los programas de cine, sino también los de la tarde y los de los fines de semana, se dedicaron a promocionar la película a base de críticas amables y entrevistas a los protagonistas o al propio director.
¿Y yo no la había visto todavía? Había que poner remedio cuanto antes. El número de espectadores se duplicaba semana tras semana y los fragmentos que publicitaban, sobre todo en la radio, prometían muchas más risas de las que provocaban al escucharlos. Según decía la gente, era divertidísima.
Así que el miércoles por la tarde, justo antes del puente de la Comunidad de Madrid, fui a verla con mi mujer. Nos tomamos la tarde libre y luego, con apoyo de la familia, la prolongamos con la cena. Por cierto, el Atlético se clasificó para la final de la Champions tras ganar al Chelsea.
Esa tarde no había casi nadie en el cine, cosa rara, pero quizá se debiera a que hacía una tarde espléndida, a que era víspera de puente, a que había semifinales de Champions o a que todo el mundo la había visto ya. Bueno, eso en principio no era un inconveniente, yo me iba a comer las palomitas de todas formas y estaba dispuesto a reírme a mandíbula batiente.
Pero nada más lejos de la realidad.
La película empezó con una escena de confrontación muy directa en la un sevillano contaba chistes de vascos a partir de los tópicos que ya conocemos y entonces, de entre el público, salió una chica vasca vestida de faralaes ofendidísima y echando pestes sobre los andaluces y no recuerdo si también sobre los españoles. Bueno, eso da igual. Lo que no daba igual es que incomprensiblemente sacabaran en la cama. Había que mostrar el bonito culo de la chica, no quedaba más remedio, aunque la ocasión se frustrase.
Luego, recuerdo que esperaba reírme mucho, no dudaba que llegarían los momentos en que la chispa de Dani Rovira, el protagonista, se manifestase en todo su esplendor; ese momento lo vislumbré cuando atravesaba el túnel de entrada al  País Vasco, pero luego la película en su conjunto se fue apagando poco a poco.
Y es que los personajes que encarnan tanto Karra Elejalde como Carmen Machi carecen de entidad, son meros instrumentos para ensamblar un tópico tras otro, un chiste tras otro, insertados en escenas que resultan más cómicas cuando se escuchan que en la propia escena.
El mérito de la película estriba en haber elaborado un argumento en el que se mezclan los tópicos que tenemos todos sobre los vascos y los prejuicios que puedan derivarse de equiparar lo vasco con el nacionalismo radical. En este sentido, incluso se parodia el contexto abertzale mediante el esbozo de situaciones en las que se despejan los recuerdos de los años de violencia con el fin de quedarnos en la anécdota humorística.
Este aspecto ha traído como consecuencia que tanto víctimas del terrorismo como la propia militancia de la izquierda nacionalista se haya sentido molesta, pero no por ello se ha podido detener el éxito de la película en taquilla, consecuencia directa de una buena promoción en los medios afines a la productora y de la difusión que le ha dado la gente en la calle.


sábado, 26 de abril de 2014

Ardena en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga. III.

                                                                      III

La multitud se agolpa,
se congrega despacio
en medio de la plaza,
la convoca el desmayo de la tarde,
el toque de campana con sordina,
mientras tú compartías
la hora forastera
que musita tu nombre.

Eras niña y mujer
sentada a aquella mesa:
la casaca entallada
ceñía tu cintura
y cubría tus piernas la basquiña
tejida  por mis manos.

                (Asomaba el empeine
                  de tus pies nacarados
                  bajo el ribete rojo
                  de mis labios, tan firme
                  y delicado como una promesa
                  derramada en tu pecho).

Descansaba la tarde.
A través de tus ojos
fluían los espíritus que inflaman
el aire, se enlazaban
en tu boca minutos
inútiles de espera
como un relato vago,
solazado en penumbra.

Un desfile de autómatas,
apóstoles del tiempo,
rendía pleitesía ante tu imagen:
del occasus al ortus,
entre la aurora añil
y el crepúsculo ingrato,
entre el canto del gallo
y el lejano poniente,
coronaban tu efigie
virginal y risueña,
ofrecían su anillo
zodiacal como un halo
de lesa santidad.

Callabas entre círculos dorados,
meliflua y profunda.
Por mis manos corría
la sangre de tus venas
brotando de un latido
equívoco y errante,
cada vez más templado, cada vez
más distante, más frío,
    -no ensartaste el anillo,
    lo dejaste olvidado en tu regazo-.

Entonces, prendida en mi vanidad,
te volviste incorpórea
como el humo infecto de mis palabras,
como el vacuo y postrer
lamento que enjugaban
los almendros desnudos

Luego, te fuiste caminando
de la plaza que nunca
albergará la mística que encierran
tus cuidados. Dejaste mi ambición
ahogada en los posos del café
que no apuraste mientras
la muerte se anunciaba
entre la expectación
del gentío, segundo
a segundo, con tétrica sonrisa.

Nunca habrá más rutina
que el áspero recuerdo. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Her. (Ella). Óscar al mejor guion original 2014.

Hacía tiempo que no iba al cine y por fin este miércoles, coincidiendo con el día del espectador, volví a entrar en la sala casi vacía de las cinco de la tarde.

Un amigo me recomendó esta película;  decía que trataba de cómo un chico se enamora de una imagen, de un avatar... La idea me atrajo porque me gustan especialmente las películas que estudian las conductas o el mundo de las obsesiones.

Sin embargo, el argumento de la película no era ese exactamente.

Theodor, el protagonista, es un hombre separado a punto de firmar el divorcio, una situación no deseada que le lleva a vivir en un estado patético de soledad. Es un hombre gris que trabaja en una agencia redactando cartas de amor o amistad para destinatarios desconocidos. La soledad y el recuerdo de su pareja le consumen, y por eso, con el fin de paliar sus necesidades afectivas, busca contactos a través de las redes sociales.

Un día, sin demasiada convicción, encuentra lo que quizá andaba buscando: un sistema operativo que le hará compañía durante todo el día, que le despierta, que le da las buenas noches, que le acompaña al trabajo, que comparte sus sentimientos conversación tras conversación; un sistema operativo de quien finalmente se enamora.

Lo curioso del caso es que Samantha, la voz femenina encarna el sistema operativo, también se enamora de él, pero mientras él sigue necesitando su presencia, su conversación y su empatía para seguir viviendo, ella evoluciona.

Samantha es la metáfora y, si se quiere, la personificación de la mujer perfecta, de la relación perfecta en la que no es posible el conflicto y quizá Theodor sea, como se sugiere en algún momento, un hombre incapaz de mantener una relación convencional de pareja, de compartir los problemas cotidianos.

Samantha es virtual, aunque sus sentimientos son humanos. Es la metáfora en la película de los contactos a los que recurren miles de personas que en la vida real tratan de paliar su soledad. Necesitan saciar su afectividad, buscan contactos, los encuentran y los mantienen aunque también puedan perderse; contactos con personas reales para mantener relaciones virtuales. Y aquí está la tragedia, en la imposibilidad de la materialización, en que haya tantas de personas hoy en día que se encierran en un mundo no irreal o inexistente, sino intangible que va poco a poco suplantando, superponiéndose a la realidad.

El contexto futurista de la película, combinado con el halo melancólico del protagonista, conforman una mezcla extraña que cuesta entender al principio porque en todo lo demás, el tiempo histórico podría definirse como actual. El espectador va a asistir a una película de ritmo lento en la que el diálogo es el verdadero protagonista, un diálogo básicamente sostenido entre Theodor y la voz en off de Samantha. 

Lo interesante de la película son, por tanto, los diálogos y eso apunta a la necesidad de ver la versión original; si han escuchado algún fragmento de la voz de Samantha, quizá puedan entenderlo mejor porque la capacidad de sugerir a través de los matices de voz de la versión original se pierden en el doblaje. Ya sé que alguno dirá que eso ocurre siempre, pero en este caso, quizá sea aún más necesario.

Director: Spike Jonze.
Guion: Spike Jonze.
Theodor: Joaquin Phoenix.
Samantha: Scarlett Johansson.


viernes, 28 de febrero de 2014

Antonio Machado.

Se han cumplido 75 años de la muerte de Antonio Machado allá, en el exilio de Colliure, en la Cataluña francesa y he sentido la necesidad de escribir algunas palabras de homenaje a este escritor sevillano que puso voz a Castilla como trasunto de la malograda España del 98.
Poeta de la sombra del limonero en un patio de Sevilla, de los olivares en el camino, de la Soria que se asoma a Extremadura, de los campos de Castilla; leído e interpretado desde el sueño y la melancolía de los parques, desde la paz de los caminos y los sembrados en las colinas, desde el hastío de la tarde que languidece o desde el lamento, desde el presente o desde la intrahistoria, Machado puede leerse llanamente o desde las cumbres de lo símbólico.

Machado, Antonio, es en cualquier caso un poeta claro cuya poesía cuenta y evoca, predispone a la comunión del paisaje con el alma, del alma con la Historia y del individuo con su propia condición.

Yo lo leí siendo adolescente, cuando marchaba en bicicleta por los caminos de la huerta valenciana y me perdía en cualquier rincón. Pensaba en lo poco que tenían que ver aquellos paisajes a los que hacía referencia con la realidad que tenía ante mis ojos, pero pude recrear la Castilla que conocía a partir de sus palabras y reflexionar sobre la esencia de España. A la vez, quise ser también parte de esa melancolía en consonancia con el entorno. Quizá fuera al año siguiente, ya no lo recuerdo, cuando tuve la oportunidad de pasar una temporada en tierras burgalesas y entonces me topé con esos paisajes, con esas colinas, con el olor de los sembrados y de la madrugada.

A Machado y a los escritores del 98 se les atribuye la preocupación por la esencia de España, por su pasado y su presente. Desde entonces comencé a interesarme y a entender quiénes somos, cómo hemos caminado en la Historia y hacia dónde nos conduce nuestra condición de españoles. La reflexión de estos hombres no significó una influencia positiva para liderar un cambio de tendencia en la sociedad, mérito que quizá pueda atribuirse más la generación del 14, sino que condujo a la construcción de unos tópicos que están en el origen de la negativa visión que los españoles tenemos de nosotros mismos.

Esa reflexión, que está en la poesía de Campos de Castilla culmina en Juan de Mairena, la prosa en la que se perfilan las dos Españas que habrán de enfrentarse en duelo mortal como culminación del cainitismo que fluye en la sangre de quienes la habitamos.

Sea como fuere, releer a Machado siempre es grato. Su perfil se aparta de los caminos de la poesía moderna para configurar un universo único y singular, machadiano, el del poeta de torpe aliño que dibujó los caminos del pensamiento por los campos de Castilla. Volver a él es volver a recordar aquellas impresiones de mi adolescencia, pero es cierto que con el tiempo no descubro nada nuevo y, más allá de los logros que atesora, su lectura hoy es como abrir un baúl en el que vuelves a contemplar todos los objetos que guardaste un día.

Dejo un enlace para entrar en una antología del autor.

www.blogger.com/blogger.g?blogID=2085027000534899576#editor/target=post;postID=8926500042587286581;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=0;src=link

lunes, 23 de diciembre de 2013

Ardena en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga. Niña y carnero.

II



Que tú fueras la niña,
simplemente con eso;
porque el tiempo está exhausto,
simplemente no existe
bajo la flor silente
del almendro. Que tú
fueras la niña, solo
con eso rondaría
el carnero a lamerte
desnudos, agostados
los huesos, en la noche
doliente en que no habita
el recuerdo. Serías
la niña, la doncella
con la piel del carnero.


Ardena en la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga.

I

Sentado a la sobria mesa de la terraza
de un bar, ante un café
con hielo y un cigarro,
la tibia claridad del recuerdo
me sorprende, me asalta,
despierta tu sonrisa enigmática.

Vuelven a mi memoria los detalles
del primer encuentro
una tarde de julio como esta,
ante los modernistas esgrafiados
de la imperecedera
Plaza de la Ciudad Vieja de Praga.

Con atención los contemplabas
aunque pronto emprendiste el vuelo,
tan incauta, hasta el balcón
de piedra fosca del Ministerio de Comercio,
disuelta entre el clamor,
la indolencia y la fatiga de cientos
de turistas. Como en los cuentos,
yo quise ser tu príncipe 
y atender tu reclamo
y subir por la escala
a sofocar tu grito de socorro.
para llevarte en volandas
hasta el umbral del Kinsky.

Prendido en tu silencio,
tentado por el bálsamo rosado
de tus ojos de estuco,
dirigí mis intenciones
tras la senda vibrante de tus pasos.
Tornaste la mirada,
cordial y sincera,
acomodada en el delirio versallesco
de alguna ensoñación

aristocrática y frívola
y,entonces,
de entre los laberintos que trazaba
la multitud confusa se fraguó
la conjura husista.
Huimos entre el tumulto
cuando entraron en acción
los servicios secretos
de su Invictísima y Católica Majestad,
sin mirar atrás,
sin soltarnos de la mano,
y por San Wenceslao bendito
y por Jan Hus sacrificado
pedimos un milagro
por el que nos inmortalizamos
en los sagrados frescos
que adornaban su santa imagen.

¿Lo recuerdas, Ardena? 
Tú tomaste alguna foto.

sábado, 20 de abril de 2013

Fetiche.

La puerta de casa se cerró. Como alguna otra mañana, antes de ir al trabajo, aprovecharía esos veinte minutos de margen antes de despertar a los niños para regalarse un poco de sexo; así que, con cierta premura se despojó del pijama y de la ropa interior, abrió el cajón de la mesita de noche, cogió el sujetador y se ciñó el pecho. No contaba con mucho tiempo. Se sentó sobre la cama y reclinó su cuerpo con la cabeza apoyada sobre el cabecero mientras sus manos comenzaban a moverse con impaciencia entre su pecho y su sexo, primero tímidamente y después con firmeza al ritmo de una excitación creciente que agitaba su vientre y tensaba sus piernas. Así, se dejó llevar impulsado por la imagen de su cuerpo desnudo ante el espejo del armario hasta liberar la tensión que encerraba dentro de sí desde tanto tiempo, ahogada en un gemido quebrado sobre la almohada.
Después, reposó unos segundos, guardó el sujetador en el cajón de su esposa y se dispuso a la rutina de llevar a los niños al colegio. Ese día ya no se iría de putas.

lunes, 8 de abril de 2013

Espiral perversa.

Tres. Doce.

Una espiral perversa
contiene esta entelequia
banal e inconsistente,
huidiza y temerosa,
cercada por la insidia
de sus encrucijadas;
la espiral descendente
en la que se consumen
pasiones que perviven
en vigilias de lodo.

viernes, 5 de abril de 2013

Latido incesante.

Tres. Once.

Un latido incesante
de tu vientre y mi boca,
un espasmo violento,
nítido, transparente
como el agua del mar
azul que imaginamos
brota, emerge espontáneo
para sucumbir juntos
en la espiral perversa
de las ensoñaciones.