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sábado, 9 de febrero de 2013

La conquista de Navarra (1512). Un aniversario para la España de hoy.


Cuando se explicaba la historia de España hace años, se aprendía que España nació de la unión matrimonial de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
Por el peso político de Castilla sobre Aragón a finales del siglo XV se destacaban mucho más las virtudes de la reina que las del rey como si fuese Isabel la que llevase el peso de las dos coronas. La relevancia y el simbolismo que tiene la conquista de Granada y el posterior descubrimiento y conquista de América decantan la balanza en favor del lado femenino del matrimonio.
Recuerdo que años más tarde me sorprendí cuando comprobé que la mítica unidad peninsular, el mítico nacimiento de España era relativo o al menos escondía el hecho de que Navarra permanecía independiente hasta 1512, año de su anexión a la Corona de Castilla. Lo curioso del caso es que fue Fernando de Aragón quien decidió que así fuera, en lugar de formar parte de la Corona de Aragón.
El año pasado ha estado plagado de conmemoraciones significativas para nuestra historia: la constitución de Cádiz, el compromiso de Caspe, la batalla de Las Navas de Tolosa y también el 500 aniversario de la anexión o de la conquista de Navarra, lo cual convierte a este territorio, a esta comunidad autónoma en la única que ha sido incorporada a España por la fuerza.
Este dato ha sido silenciado en muchos libros de historia quizá por simplificar las cosas, pero ha sido y está siendo utilizado por los sectores abertzales para activar el nacionalismo y dar sentido de unidad a las siete provincias de Euskal Herria.
Al margen de que existan sectores de la sociedad vasca y navarra que reivindiquen estos acontecimientos y los califiquen de usurpación o de invasión en el contexto de los atropellos que el estado español ha infringido al pueblo vasco, no es menos cierto que la Comunidad Foral se ha mostrado en el devenir de la historia moderna y contemporánea fiel a la unidad de España y de hecho es una de las razones por las que ha conservado su singularidad, su foralidad a lo largo del tiempo. Y no sólo eso: Navarra, hoy por hoy, no acepta integrarse en la Comunidad Autónoma del País Vasco ya que así lo prevén sus estatutos de autonomía como hecho excepcional dentro del conjunto de comunidades autónomas. Ésta sería la única modificación territorial previsible que contempla la actual Constitución.
Durante la Edad Media y después del reinado de Sancho el Grande, Navarra quedó atrapada entre la pujante Castilla y el reino de Aragón de manera que su expansión frenó el seco más allá del Ebro. Por otra parte, su territorio fue mermando en favor de unos y otros cediendo las vascongadas, lo que la dejó sin salida al mar,  y parte de la actual Rioja como territorios más significativos. No cabe la menor duda de que a partir de 1200 Navarra quedaba expuesta a las ambiciones de sus reinos vecinos peninsulares que se expandían hacia el sur, y también de Francia, que extendió su influencia sobre el reino al imponer durante siglos sus dinastías. Navarra fue un reino satélite de Francia que, llegado el siglo XV y comienzos del XVI mantuvo varias guerras con España por el dominio de la península italiana. Es en este contexto en el que hay que comprender la conquista de Navarra por el peligro que suponía su alianza con Francia y por su posición estratégica como vía de entrada de las tropas francesas en la península.
La conquista de Navarra fue un paseo militar del Duque de Alba, pero la resistencia navarra perduró en el tiempo de manera decidida más de diez años. Finalmente, consiguió sobrevivir al norte de los Pirineos un pequeño territorio, la Baja Navarra, que fue independiente hasta finales del siglo XVII de facto y después, hasta la Revolución francesa, ligada a la corona de Francia.
Para hacer un repaso a la cronología de este reino, he aquí el siguiente eje cronológico en el que pueden observarse los acontecimientos más significativos de su historia hasta la España de hoy:

-778. Pamplona se consolida como reino frente al dominio carolingio tras la batalla de Roncesvalles. Las dinastía Arista, permitirán la supervivencia pamplonesa con ayuda de la dinastía musulmana de los Banu Qasi.

-Durante el siglo X, la nueva dinastía Jimena tendrá que lidiar contra los musulmanes una vez que la tregua se rompe. Se lucha por conseguir territorios. Los pamploneses tratan de expandir sus fronteras hacia el sur.

-987. El reino de Pamplona pasa a llamarse Reino de Navarra.

-El rey Sancho Garcés III el "Mayor" (1000-1035) afianza la hegemonía de Navarra sobre los demás reinos peninsulares ya que se convierte de hecho en rey de Castilla, de León y de los condados aragoneses.

-Sin embargo, a su muerte no se mantuvo la unidad territorial; García Sánchez III reinó sobre los territorios navarros mientras que correspondió a Fernando I Castilla, a Ramiro I, Aragón y a Gonzalo Sánchez, Ribagorza.

-1076. Pronto se abrieron las hostilidades entre los reinos cristianos y Alfonso VI de León, luego también de Castilla, invadió Navarra. La actual Rioja y los territorios vascongados entran en litigio. Ese año, Sancho I de Aragón será también rey de Navarra.

-Iniciado el siglo XII, Navarra, de la mano de Alfonso I el Batallador inició la expansión hacia el sur, pero chocó con los intereses del conde Barcelona, Ramón Berenguer III de manera que a su muerte, los catalanes promovieron la candidatura de Ramiro II como rey de Aragón frente a su hermano navarro García Ramírez. Las disputas se cierran cuando Petronila, hija del rey aragonés casa con Ramón Berenguer IV de Barcelona. Corría el año 1137. Navarra perdió la posibilidad de integrar Aragón en sus dominios.

-1134. Navarra y Aragón se separan.

-1176. Navarra pierde la actual Rioja en favor de Castilla tras años de litigios en los que medió el rey de Inglaterra.

-1200. Sancho VII el Fuerte de Navarra pierde los territorios occidentales de las actuales Álava y Vizcaya y Guipúzcoa en favor de Castilla. En estos años, tanto Castilla como Aragón intrigan por anexionarse el Reino de Navarra. Es el último tercio del siglo XII el momento en que empieza el repliegue territorial de Navarra y es aquí donde encuentran justificación las argumentaciones del nacionalismo vasco radical.

1212. Navarra participa con una pequeña representación de la famosa batalla de Las Navas de Tolosa. Navarra necesita afianzarse frente a dos colosos que flanquean sus fronteras al este y al oeste (por no hablar de Francia). Aún podría aspirar a tener una salida al mar por el Cantábrico. Se dice que las cadenas del escudo de Navarra son las que se tomaron al rey moro.

-Durante el reinado de Sancho VII, Navarra se anexiona los territorios del otro lado de los Pirineos, la llamada Baja Navarra. Este rey muere sin descendencia.

-1234. Teobaldo I el Trovador inicia la dinastía de Champaña, con lo cual Navarra entra en la órbita de los intereses reales de Francia.

-1274. Comienza el reinado de Juana I quien entre 1285 y 1305 será también reina de Francia imponiéndose la candidatura francesa sobre las restantes candidaturas peninsulares. Durante años, los reyes de Navarra serán también reyes de Francia. Comenzará la dinanstía Capeta de origen francés (poco sensibilizada con la realidad navarra) a la que seguirá la dinastía Evreux (1328).

-1373. Navarra pierde durante varios años algunas villas en favor de Castilla después de que Carlos II el Malo (1349-1387) condujera el reino a la ruina tras embarcarse en diversas guerras en el contexto de la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra, o en la conquista de Albania.

-1423. Carlos III el Noble creó el título de Príncipe de Viana. Cuando al primer príncipe le tocó reinar, tuvo que enfrentarse a su padre Juan II de Aragón, casado con su madre, Blanca I en segundas nupcias.

-1451. Se inicia la Guerra Civil en Navarra. Apoyarán a Carlos los beaumonteses de Luis de Beaumont mientras que a Juan II le apoyarán los agramonteses.

-1479. Se firma la paz y Juan II, victorioso, nombra a su hija Leonor de Foix heredera. Comienza la dinastía de Foix. Navarra ha permanecido durante años en un estado de caos. Leonor reina durante 15 días y nombra a su nieto Francisco I de Foix como heredero al tiempo que se acoge a la protección de Luis XI de Francia.

-1483. Muere Francisco I. Su hermana Catalina de Foix será reina de Navarra y su matrimonio, una cuestión primordial para los reinos vecinos con el fin de controlar el territorio. El candidato ganador fue Juan III de Albret, con lo que Francia se llevó el gato al agua.

-Las facciones beaumontesas y agramontesas que empezaron defendiendo intereses dinásticos seguían vivas y en liza, pero ahora los primeros eran un instrumento de los castellanos y los segundos, de los franceses.

-Tras declarar Castilla e Inglaterra la guerra a Francia, Navarra no permanecía neutral pues había pactado con Francia su apoyo incondicional. Conocida esta circunstancia por Fernando el Católico, se ordenó la invasión que trajo la posterior incorporación de Navarra a Castilla y la desaparición de la independencia de la Alta Navarra, pues la Baja Navarra, hoy en territorio francés pervivió en el tiempo.

-1598. A Catalina le sucedieron Enrique II, Juana III y Enrique III, quien sería Enrique IV de Francia, rey al que se le adjudica la frase "París bien vale una misa".
-1620. Luis II incorpora Navarra a Francia aunque conservará sus peculiaridades.
-1790. Desaparece el reino de Navarra y se sustituye por el departamento de Bajos Pirineos.

-Todos los reyes de España desde Carlos I son también reyes de Navarra y conservan su título.

-1805-1814. Se anexionan a Navarra los puertos de Fuenterrabía e Irún con el fin de poder comerciar con América.

-1841. Navarra nunca incluyó la ley sálica como válida. A pesar de eso, Carlos no aceptó el entronamiento de Isabel II y fue derrotado. Posteriormente, se suprimió la foralidad navarra y pasó a ser una provincia más.

-1846. Segunda Guerra Carlista.

-1872. Tercera Guerra Carlista. Los carlistas abanderan el derecho a la foralidad de Navarra y Vascongadas, pero al ser derrotados, se suprimen otros derechos forales que se habían mantenido.

-Navarra conservó sus fueros durante el franquismo como consecuencia de prestar apoyo al alzamiento frente al gobierno de la República.

Interesante la historia de la vascona Navarra, de su expansión por el cantábrico, de sus dinastías, de sus reyes, de sus relaciones con los reinos vecinos. Su historia, de alguna forma, ha estado condicionada por evolucionar a la sombra de otros reinos que habrían de marcar un destino más alto. Pero no por ello los navarros han tenido un papel menos relevante en la historia medieval, moderna y contemporánea de nuestra España. Extensas zonas de Castilla fueron repobladas por vasco-navarros y hoy sus apellidos pueblan la geografía nacional.
Nosotros celebramos hoy su españolidad.

Remitimos a la entrada que la Wikipedia hace de la conquista de Navarra para consultar los mapas en los que se puede comprobar la evolución de sus territorios.


sábado, 26 de enero de 2013

El compromiso de Caspe (1412). Un aniversario para la España de hoy.

El compromiso de Caspe es uno de los acontecimientos históricos que marcó el desarrollo posterior de las coronas de Castilla-León y de Aragón.

No sé por qué tengo la sensación de que para los catalanes en concreto las decisiones que se tomaron en aquel episodio trascendental no son gratas, quizá porque en el devenir de los siglos se hayan relacionado las injusticias cometidas sobre el pueblo catalán con el entroncamiento dinástico de Aragón con la corona de Castilla.

Ha sido una lástima para mí que haya pasado este 2012 sin hacer mención a este hecho, más aún cuando la historia caprichosamente tenía preparada una unión de coronas que ante los últimas iniciativas políticas parece que nos conducirá a la separación, no ya de las mismas, sino de una parte fundamental para España.

Nosotros queremos conmemorar aquél acontecimiento que no ha tenido quizá el eco que debiera: no es la nuestra una nación acostumbrada a recordar su propia historia y quizá en este caso pueda molestar a algunos.

Dice el texto fundamental del acta notarial:

"publicamus quod Parlamenta predicta et subditi ac vassalli Corone Aragonum fidelitatis debitum prestare debent et tenentur illustrissimo ac excellentissimo et potentissimo principi et domino: domino Ferdinando, infanti Castelle, et ipsum dominum Ferdinandum in eorum verum regem et dominum habere tenentur et debent".

Lo cual quiere decir:

"publicamos que los parlamentos nombrados y los súbditos y vasallos de la Corona de Aragón deben y están obligados a prestar fidelidad al ilustrísimo, excelentísimo y potentísimo príncipe y señor don Fernando, infante de Castilla, y que al mismo don Fernando deben y están obligados a tener y reconocer como su verdadero rey y señor".

Los parlamentos nombrados y los súbditos y vasallos de la Corona de Aragón son los de Aragón, Valencia y Cataluña que lo hacía también en nombre del reino de Mallorca. Hubo tres representantes por cada reino y la decisión debía ser unánime y acordada por todos después de que al menos 6 de los representantes hubiesen votado a favor de un pretendiente. Es verdad que cada territorio debía elegir a los que serían sus compromisarios y que fue en Valencia donde hubo mayores problemas para designarlos debido a algunas disensiones internas. Fue en Alcañiz, lugar cercano a las fronteras de los tres territorios donde se reunieron para acordar las condiciones en las que debería ser elegido el nuevo monarca y así, posteriormente, en Calpe se acordó que fuera Fernando de Antequera el que ostentara la corona.

Se ha hablado sobre el resultado de las deliberaciones, dicen que fueron 3 votos a favor por parte de Aragón, 2 por parte de Valencia y 1 por parte de Cataluña. Se cumplía la condición de que al menos recibiera un voto de cada uno de los reinos y así fue (creo que no hay pruebas de que fuera ese el reparto de votos por), pero fuera cual fuera, todos los compromisarios tornaron a sus respectivos parlamentos con la aceptación plena del compromiso que habían adquirido aunque alguno de sus respectivos no hubiera votado a favor y aunque fueran los de su reino los que menor apoyo dieran. En realidad, era Fernando el candidato que mayor consanguinidad y parentesco tenía por vía materna con la línea sucesoria que acabó en Martín I, el Humano y, finalmente, fue el elegido.

Si hubo presiones por parte de alguno de los pretendientes no lo vamos a negar; así fue, pero todos aceptaron de buen grado el resultado y nada de lo que sucediera posteriormente afectó negativamente a ninguno de los territorios de Aragón que con Alfonso V se expandiría por Nápoles a pesar de que la Corona entraba en una crisis ponía a Castilla en una situación de liderazgo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Treinta años sin las Malvinas.

Aunque la fecha del aniversario del fin de la Guerra de Las Malvinas queda cinco meses atrás, 2012 es todavía el año en el que se conmemora la derrota de Argentina frente a Gran Bretaña tras el intento de recuperar la soberanía sobre las islas.
A simple vista, si se contempla un mapa, puede parecer que las islas son un territorio insignificante, pero el conjunto del archipiélago consta de más de 11.000 km2, algo más de la Región de Murcia, y dista 500km del punto más próximo de la costa argentina.
Para muchos pacifistas y gente de bien, la guerra no debe ser nunca el recurso para conseguir los objetivos políticos sino que siempre hay que recurrir al diálogo, a las relaciones diplomáticas y al sentido común pensando en los ciudadanos con tal de evitar derramamiento de sangre y la muerte de tanta gente.
La historia de las islas Malvinas está bastante bien documentada. Cualquiera que esté interesado en el tema puede comprobar que desde la ocupación británica en 1833 los intentos diplomáticos de la Argentina y las gestiones diplomáticas se han sucedido sin interrupción con mayor o menor intensidad desde entonces.
Para empezar a abordar la cuestión de la soberanía, no vamos a remontarnos tan atrás; empezaremos veinte años atrás de la guerra de 1982 cuando el 16 de setiembre de 1965 la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Resolución 2065 que reconoce "la existencia de una disputa entre los gobiernos del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la República Argentina acerca de la soberanía sobre dichas islas" de manera que insta a ambos países a "proseguir sin demora las negociaciones" promovidas por el Comité de Descolonización para resolver de manera pacífica la disputa, según la resolución 1514 que dictó la misma Asamblea General.
Es decir, la ONU considera que las Islas Malvinas se encuadran dentro de los territorios afectados por el colonialismo y por tanto, al menos, considera que la ocupación británica en el modo y manera en que es regida, debe acabar y descarta la libre autodeterminación.
En los años setenta, la Asamblea de Naciones Unidas aprueba la resolución 3160 según la cual se reconocen los esfuerzos de Argentina para acabar con la descolonización y en favor de los intereses de los habitantes de las islas, pero reconoce que no ha habido avances significativos. Hay que subrayar que anteriormente, no se facilitaba la integración de ciudadanos de las islas con el continente en aspectos tan básicos como las comunicaciones, el transporte, el comercio o la educación.
A partir de este momento comienzan las tensiones diplomáticas provocadas por decisiones unilaterales del gobierno británico que entorpecieron claramente el avance hacia la descolonización y que finalmente desembocaron en la guerra.
La ocupación de las islas por parte del gobierno argentino fue el primer intento por recuperar el territorio por la fuerza y es probable que no vuelvan a sucederse otros mientras la situación internacional no cambie.
No vamos a entrar en cuáles y de quiénes fueron las primeras noticias de las islas, de qué nacionalidades fueron y en nombre de qué naciones lo hicieron, pero sí haremos una referencia a cómo en la segunda mitad del siglo XVIII España reclama el territorio y lo recupera ante los conatos británicos de instalarse en las islas si bien no logra zanjar la cuestión por vía diplomática. 
Es precisamente este resquicio legal el que sirvió a los británicos para recuperar el interés por las islas a pesar de que a partir de la independencia de Argentina le siguiera el reconocimiento internacional que le autorizaba a ocupar las islas y a proceder con el nombramiento posterior de sus gobernadores.
El conflicto con los balleneros estadounidenses, allá por el año 1832 y el interés comercial de las empresas británicas en torno a las islas, desembocó en la intervención militar que acabó con la expulsión de los argentinos de las Malvinas.
De nada sirvieron los esfuerzos diplomáticos durante más de siglo y medio como de nada ha servido la guerra que iniciara un gobierno tiránico y nefasto para los argentinos. Sin embargo, fuimos muchos los que contemplamos aquella guerra como justa, muchos los que sentimos nuestra solidaridad con los argentinos al poner contra las cuerdas a una potencia colonial orgullosa y decadente, muchos los que hubiéramos deseado una victoria albiceleste porque pensábamos también en Gibraltar.

Vaya nuestro recuerdo por las víctimas de aquella guerra y nuestra solidaridad con la causa argentina. Los británicos han reforzado sus derechos territoriales, pero no pueden llenarse de razón. Ellos que den las gracias a los Estados Unidos por el apoyo incondicional que les dieron y a las Naciones Unidas por velar siempre por la justicia y la paz.




http://www.informatecuador.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=839:de-los-16-enclaves-coloniales-que-aun-subsisten-en-el-mundo-11-son-del-reino-unido-america-latina-en-malvinas&catid=2:opinion&Itemid=14




domingo, 23 de septiembre de 2012

La Pepa. El sueño constitucionalista X. Las Cortes de Cádiz.

La primera reunión de las Cortes fue el 24 de septiembre de 1810, en la isla de León. Tras su traslado a Cádiz el 20 de febrero de 1811, promulgaron la Constitución el 19 de marzo de 1812 y año y medio más tarde tuvo lugar, el 20 de septiembre, su clausura.
La Carta Magna fue el resultado de unas deliberaciones llevadas a cabo en circunstancias de guerra y aislamiento por parte de intelectuales que, como puede probarse, nunca pretendieron hacer una copia de la Constitución francesa de 1791. Se trata de un texto reformista que encarnaba un buen número de reivindicaciones destinadas a canalizar reformas en la organización social. Para ello, encabezados por Jovellanos y Quintana, se realizaron consultas a todos los niveles de la sociedad para poder registrarlos en el texto.
Entre otras cosas, la constitución se inclinó por un sistema político parlamentario en el que las Cortes tuvieran el poder de legislar, dejando al rey suspendido durante tres legislaturas.
Hubo disputas entre quienes querían una asamblea única (los radicales) y quienes, como Jovellanos) defendió una representación para los privilegiados. La invasión de Andalucía dejó en el aire el proceso electoral, por lo que las cortes tuvieron una sola asamblea y una total libertad constituyente.
Como la gran mayoría del territorio nacional estaba ocupado, muchos diputados no pudieron ser elegidos y por ello se designaron suplentes de entre la población de Cádiz, lo cual, dado su carácter aperturista, facilitó que se reforzara el carácter progresista de los miembros del congreso.


CONSTITUCIÓN LIBERAL ESPAÑOLA DE 1812.

Los artículos más importantes de la Constitución liberal española de 1812 son los siguientes:

Art.3. La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.

Art.4. La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.

Art.15. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.


Art.12. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.

Art.13. El objeto del gobierno es la felicidad de la Nación. (...)

Art.14. El gobierno de la Nación española es una Monarquía moderada hereditaria.


Art.16. La potestad de hacer aplicar las leyes reside en el Rey.

Art.17. La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales reside en los tribunales establecidos por la ley.

Art.27. Las Cortes son la reunión de todos los diputados que representan la Nación, nombrados por los ciudadanos en la forma que se dirá.

Art.31. Por cada 70.0000 almas de la población habrá un diputado en Cortes.

Art.92. Se requiere para ser diputado en Cortes tener una renta anual proporcionada, procedente de bienes propios.

Art.172. Las restricciones de la autoridad del Rey son las siguientes:
          1. No puede el Rey impedir bajo ningún pretexto la celebración de las Cortes en las épocas y casos señalados por la Constitución, ni suspenderlas, ni disolverlas, ni en manera alguna embarazarlas sus sesiones y deliberaciones. (...)
          2. No puede el Rey imponer por sí directa ni indirectamente contribuciones, ni hacer pedidos bajo ningún nombre o para cualquier objeto que sea, sino que siempre lo han de decretar las Cortes.
          10. No puede el Rey tomar la propiedad de ningún particular ni corporación,, ni turbarle en la posesión, uso y aprovechamiento de ella. (...)
          11. No puede el Rey privar a ningún individuo de su libertad, ni imponerle por sí pena alguna.

Art.248. En los negocios comunes, civiles y criminales, no habrá más que un solo fuero para toda clase de personas.

Art. 258. El código vivil y criminal y el de Comercio serán unos mismos para toda la Monarquía, sin perjuicio de las variaciones, que por particulares circunstancias podrán hacer las Cortes.

Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.


sábado, 30 de junio de 2012

La Pepa. El sueño constitucionalista IX. Levantamiento popular y Organización de las Juntas. Las Guerrillas y el ejército.

EL LEVANTAMIENTO POPULAR.


La presión que ejerció el pueblo movilizó a la gran mayoría de la población que se encontró con la resistencia de las autoridades que en poco tiempo fueron sustituidas gracias a los movimientos insurreccionales por otras instituciones elegidas por la voluntad del pueblo.
El primer paso revolucionario dado por el poder fue el del alcalde de Móstoles cuya proclama fue ésta:


"Señores Justicias de los pueblos a quienes se presentase este oficio, de mí el Alcalde de la villa de Móstoles:
Es notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; por manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, Después de haberse apoderado de la Augusta persona del Rey; procedamos pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los Españoles lo son.
Dios guarde a Ustedes muchos años.
Móstoles dos de mayo de mil ochocientos ocho.
Andrés Torrejón
Simón Hernández"

LA ORGANIZACIÓN DE LAS JUNTAS.A partir de este momento, se constituyeron muchas juntas nacidas al amparo de la legalidad y en otros lugares nacieron al alimón entre los antiguos ayuntamientos y las nuevas juntas. Como es de prever, surgieron conflictos entre unas y otros y en ocasiones, fueron las autoridades del antiguo régimen quienes acabaron sustituyendo a la gente del pueblo que inició el movimiento de insurrección.

Las Juntas propusieron la convocatoria de Cortes de manera que en septiembre de 1808, en Aranjuez, se constituyó la Junta Central Administrativa, que se dio el título de Majestad para representar la soberanía de la nación.
La junta no pudo contener el avance napoleónico y acabó desplazándose hasta Cádiz. A pesar de que se opuso a la lucha, de manera que ésta acabó transformándose en lucha de guerrillas y resistencia popular, es cierto que se negó a la rendición que proponía José I en la primavera de 1809, así como el traslado de todas las autoridades a América.
Una vez que la Junta se traslada a la Isla de León, Cádiz, hoy San Fernando, la Junta dio por terminadas sus funciones y designó un Consejo Supremo de Regencia.

Esta fue la primera declaración de la Junta Central a la nación, el 8 de noviembre de 1808:

"Una tiranía de veinte años ejercida por las personas más incapaces ha llevado a la nación al borde mismo de la perdición: el pueblo se había separado de su gobierno con odio y desprecio. Oprimidos y humillados, ignorando su propia fuerza y no hallando protección contra los males del gobierno ni en las instituciones ni en las leyes, el pueblo ha considerado hace poco el dominio extranjero como menos odioso que la funesta tiranía que le consumía. El dominio de una voluntad siempre caprichosa y las más de las veces injusta ha durado demasiado tiempo; demasiado tiempo se ha abusado de la paciencia del pueblo, de su amor al orden y de su generosa lealtad; era ya tiempo de que se llevaran a la práctica leyes útiles para todos. En todos los terrenos es además necesaria una reforma. La Junta constituirá diversas comisiones, cada una de las cuales se ocupará de un determinado departamento y a las que se podrán dirigir todos los escritos referentes a asuntos de gobierno y administración."

LAS GUERRILLAS Y EL EJÉRCITO.

Los sitios fueron, junto con las guerrillas, las formas típicas de resistencia durante la guerra de Independencia. Al evitar la toma de Zaragoza o Gerona, el dominio sobre el Mediterráneo no se consolidó.
Las guerrillas se consolidaron gracias a la participación del pueblo, alejado cada vez más de los asuntos políticos. Su jerarquía es muy reducida, por lo que se configuran como grupos muy homogéneos.
La falta de armamento justifica la táctica empleada por los guerrilleros quines solían despojar a los enemigos de sus armas y vestidos. Además, gran parte de su eficacia estaba en la colaboración prestada por el pueblo y en el conocimiento del terreno.

Mientras los franceses organizaron su ejército en cinco cuerpos bajo el mando supremo de Murat, los españoles eran un ejército regular. La superioridad francesa no estaba en el número sino en su organización en divisiones puesto que ponía en grandes unidades el conjunto de diversos medios necesarios para la marcha y el combate: movilidad, capacidad de concentración y capacidad ofensiva. La fórmula preferida por el mando francés es la columna de asalto, formada por un batallón, un regimiento y, a veces por un brigada, a la que precede y flanquea en el asalto un nutrido cuerpo de tiradores.
Napoleón tenía los cuerpos de su ejército aislados en puntos diversos de la geografía española, pero mantenía la comunicación de Madrid-Vitoria con especial cuidado. Así, marcó como objetivo eliminar los focos de resistencia gracias a su superioridad numérica y la mayor experiencia de sus tropas. Era necesario ocupar todo el país, pero eso diluiría sus fuerzas por toda la geografía. Trató de ganar la guerra en las ciudades y abandonó el campo y las comunicaciones, y eso tuvo consecuencias a corto plazo.
Tras el desastre de Bailén, Napoleón se planteó la ocupación peninsular de acuerdo con la realidad de una guerra nacional.
Como conclusión, podemos afirmar que fue la guerrilla la que causó mayor número de bajas en el ejército francés, más que los ejércitos inglés y español, además del efecto de desgaste que le llevó a concentrar a una gran parte de sus efectivos en España; este frente y el ruso condicionaron totalmente su derrota final.


Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

viernes, 4 de mayo de 2012

LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. VIII. LIBERACIÓN NACIONAL Y PARTIDOS POLÍTICOS.

LA GUERRA DE INDEPENDENCIA. LIBERACIÓN NACIONAL Y VACÍO DE PODER.
POSICIONES POLÍTICAS DE LA RESISTENCIA.

La guerra contra Francia nació como un movimiento en contra de las ideas revolucionarias y como un movimiento de liberación nacional que implicaba, a la vez, la reivindicación de Fernando VII como rey frente a José Bonaparte.
Entre las masas de sublevados, fundamentalmente campesinos, mendigos y población de las pequeñas ciudades, había dos corrientes de pensamiento que quizá dibujan lo que poco a poco irán conformando las dos Españas: por una parte, un grupo de conservadores y reaccionarios que se oponían a la renovación revolucionaria de las instituciones del estado; por otra parte, una minoría que consideró que había llegado el momento de superar las viejas estructuras, eliminarlas y configurar un nuevo concepto de Estado. De este grupo minoritario formarán parte los intelectuales de las grandes y más prósperas ciudades.
Esa distinta forma de planear la organización de España, quedó latente mientras el objetivo prioritario no fuese otro que expulsar al invasor.
A modo de resumen, desde el inicio de la sublevación pueden observarse los siguientes partidos:

  1. Los afrancesados. Fieles a José Bonaparte, son partidarios de dar continuidad al despotismo ilustrado y de emprender las reformas necesarias. Doce mil familiares habrían de exiliarse tras la derrota imperial y volverán a España con los mismos ideales y con una gran capacidad de influir en la sociedad.
  2. Los absolutistas. Son partidarios de una monarquía al estilo del Antiguo Régimen en la que la nobleza y el clero juegan un papel fundamental. De hecho muchos clérigos se ponen a la cabeza de la resistencia arrastrando grandes masas populares en pos de la religión, el rey y la patria.
  3. Los reformistas. Ya hablamos en capítulos anteriores de cómo Floridablanca encarnaba el reformismo dentro de las bases que marcaba el despotismo ilustrado. Por contra, Jovellanos se encontraba más ligado al pueblo y esperaba que las reformas fuesen encaminadas más a la liberación de sus trabas sociales.
  4. Los liberales. Desean una transformación integral de España y abogan por la soberanía del pueblo encabezada por la burguesía. Propugnan una reforma de las instituciones políticas y civiles y ven en Napoleón a un enemigo de la libertad.
Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

miércoles, 28 de marzo de 2012

LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. VII. LA CONSTITUCIÓN NAPOLEÓNICA.


A continuación, algunos de los artículos de la llamada por Napoleón Constitución Española.

CONSTITUCIÓN DE BAYONA DE 1808
 
En el nombre de Dios Todopoderoso: Don José Napoleón, por la gracia de Dios, Rey de
las Españas y de las Indias:
Habiendo oído a la Junta nacional, congregada en Bayona de orden de nuestro muy caro y
muy amado hermano Napoleón, Emperador de los franceses (...).

Hemos decretado y decretamos la presente Constitución (...).

TÍTULO 1
DE LA RELIGIÓN
Artículo 1.
La religión Católica, Apostólica y Romana, en España y en todas las posesiones españolas,
será la religión del Rey y de la Nación, y no se permitirá ninguna otra.

TÍTULO II
DE LA SUCESIÓN DE LA CORONA
Artículo. 2.
La Corona de las Españas y de las Indias será hereditaria en nuestra descendencia directa,
natural y legítima, de varón en varón, por orden de primogenitura y con exclusión perpetua
de las hembras.
En defecto de nuestra descendencia masculina natural y legítima, la Corona de España y de
las Indias volverá a nuestro muy caro y muy amado hermano Napoleón.

Artículo 34. 
Las plazas de senador serán de por vida.

Artículo 36.
El presidente del Senado será nombrado por el Rey, y elegido entre los senadores. Sus
funciones durarán un año.

TÍTULO IX
DE LAS CORTES
Artículo 61.
Habrá Cortes o Juntas de la Nación, compuestas de 172 individuos, divididos en tres
estamentos, a saber:  El estamento del clero. El de la nobleza. El del pueblo.

Artículo 72.
Para ser diputado por las provincias o por las ciudades se necesitará ser propietario de
bienes raíces.

Artículo 87.
Los reinos y provincias españolas de América y Asia gozarán de los mismos derechos que
la Metrópoli.

Artículo 88.
Será libre en dichos reinos y provincias toda especie de cultivo e industria.

Artículo 89.
Se permitirá el comercio recíproco entre los reinos y provincias entre si y con la Metrópoli.  Artículo 90.
No podrá concederse privilegio alguno particular de exportación o importación en dichos
reinos y provincias

Artículo 90.
No podrá concederse privilegio alguno particular de exportación o importación en dichos
reinos y provincias.

TÍTULO XI
DEL ORDEN JUDICIAL
Artículo 96.
Las Españas y las Indias se gobernarán por un solo Código de leyes civiles y criminales.

Artículo 97.
El orden judicial será independiente en sus funciones.

Artículo 99.
El Rey nombrará todos los jueces.

Artículo 116.
Las aduanas interiores de partido a partido y de provincia a provincia quedan suprimidas en
España e Indias. Se trasladarán a las fronteras de tierra o de mar.

Artículo 117.
El sistema de contribuciones será igual en todo el reino.

Artículo 126.
La casa de todo habitante en el territorio de España y de Indias es un asilo inviolable: no se
podrá entrar en ella sino de día y para un objeto especial determinado por una ley, o por
una orden que dimane de la autoridad pública.

Artículo 140.
Los diferentes grados y clases de nobleza  actualmente existentes, serán conservados con
sus respectivas distinciones, aunque sin exención alguna de las cargas y obligaciones
públicas, y sin que jamás pueda exigir la calidad de nobleza para los empleos civiles ni
eclesiásticos, ni para los grados militares de mar y tierra. Los servicios y los talentos serán
los únicos que proporcionen los ascensos.

Artículo 145.
Dos años después de haberse ejecutado enteramente esta Constitución, se establecerá la
libertad de imprenta.

La constitución napoleónica o Estatuto de Bayona, no es, según Solé Tura y Aja, Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936), una constitución ya que la elaboraron representantes de un rey extranjero que no pudo consolidar su reinado. Según este mismo autor sería una Carta Otorgada.
No obstante, puede considerarse el germen de todas las constituciones españolas ya que "provocó la elaboración de una constitución alternativa por quienes se enfrentaban a la invasión napoleónica".



Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.



LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. VI. PROCLAMACIÓN DE JOSÉ BONAPARTE COMO REY DE ESPAÑA. JUNIO DE 1808.

Como afirma Artola, M. en La burguesía revolucionaria, los planes de Napoleón cambiaron a partir de la renuncia de Carlos IV. Ahora les obligaría a abdicar a sus derechos así como a sus descendientes, y los cedería a él mismo. Desde ese momento, Napoleón podía nombrar rey a quien quisiera, siempre que mantuviera la unidad del reino y conservase el catolicismo como única religión.
Napoleón utilizaría las Cortes para entronizar a José I y otorgar la primera constitución a España, lo cual era del agrado de los grupos partidarios de la reforma de la monarquía.

He aquí el texto de proclamación de José Bonaparte como rey de España. Junio de 1808.

Napoleón por la gracia de Dios, Emperador de los franceses, Rey de Italia, Protector de la Confederación del Rhin (...).
La Junta de Estado, Consejo de Castilla, la villa de Madrid, etcétera, habiéndonos por sus exposiciones hecho entender que el bien de España exigía que pusiese prontamente término al interregno, hemos resuelto proclamar, como Nos proclamamos por las presentes, Rey de España y de las Indias a nuestro muy amado Hermano José Napoleón, actualmente Rey de Nápoles y Sicilia. 
Garantizamos al Rey de las Españas la independencia e integridad de sus estados, así los de Europa, como los de África, Asia y América. Y encargamos que el Lugar-Teniente General del reino, los ministros y el Consejo de Castilla hagan expedir y publicar la presente proclamación en las formas acostumbradas, para que nadie puede alegar ignorancia. 
Dado en nuestro palacio imperial de Bayona el 6 de junio de 1808. Napoleón. Por el Emperador, el ministros Secretario de Estado Hugo B. Maret. 
Gaceta de Madrid, 14 de junio de 1808.



Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.


LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. V. CARTA DE CARLOS IV A NAPOLEÓN, INFORMANDO DE SU ABDICACIÓN FORZADA (23-03-08)

Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez á 23 de marzo de 1808, en la que le informa que "Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias, cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida ó la muerte" ; y en la que se subordina totalmente á Napoleon.
« Señor mi hermano : V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas ; y no verá con indiferencia á un rey, que forzado á renunciar la corona, acude á ponerse en los brazos de un grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente á la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y la de sus fieles vasallos. Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias, cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida ó la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de la reina.
Yo fui forzado á renunciar ; pero asegurado ahora con plena confianza en la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
Dirijo á V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confío en el corazón y amistad de V. M., con lo cual ruego á Dios que os conserve en su santa y digna guarda. De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. Carlos »

Fontana. J.: La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.


Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. IV. EL MOTÍN DE ARANJUEZ.



El motín de Aranjuez fue preparado por una parte de la nobleza, el apoyo del clero. Un golpe de estado encaminado a frenar una serie de reformas molestas para los defensores del antiguo régimen, si bien el pueblo lo veía como la liberación del Príncipe de Asturias frente a las maquinaciones del valido Godoy. Intervino de manera directa una parte del pueblo que dependía directamente de quienes lo organizaron. El resultado fue la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII.



Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. III. REPERCUSIÓN DE LA POLÍTICA NAPOLEÓNICA.



Las ideas de los girondinos de extender la revolución a toda Europa y, por tanto, conquistarla, triunfaron finalmente. Europa se enfrenta a las ideas revolucionarias y a su carácter expansionista.
Los pueblos conquistados integraban el imperio y por tanto lo mantenían con sus impuestos y con sus levas, pero en el plano económico no podían hacer sombra a la productividad francesa. Se trataba de que esos países fuesen mercados en los que colocar los productos franceses y que a su vez fuesen proveedores de su industria. En definitiva, una política vejatoria que acompañada de decretos contra los países conquistados, no buscaba otro fin que el de la consolidación de la burguesía francesa.
Desde luego que en ese terreno, iba a toparse con el poderío de Inglaterra quien, de una manera indirecta, iba a apoyar cualquier movimiento de liberación en Europa así como competir buscando mercados en los que  colocar los productos de su industria.
La lucha en ambos terrenos estaba servida y, por eso, la Península Ibérica cobraba un interés especial. España y Portugal eran dos potencias coloniales; la primera poseía una gran armada que podía servir a los intereses de Francia para combatir a Inglaterra en el mar. La segunda era aliada de Inglaterra y eso la convertía en enemigo real.
Tras el fracaso de Trafalgar, 1805, el tratado de Fontainebleau, 1807, sella el reparto de Portugal, al sur del cual Godoy, el Príncipe de la Paz constituiría un pequeño reino después de que las tropas francesas penetrasen por España para consumar la ocupación del vecino país.
Como dijo Aymes: "La expedición a España deriva de una serie de consideraciones entre las que se encuentran mezcladas la debilidad militar del estado vecino, la complacencia de los soberanos españoles, la presión de los fabricantes franceses, la necesidad de arrojar a los ingleses de Portugal, la enemistad del Emperador hacia la dinastía de los Borbones y los imperativos de una estrategia política para el conjunto del Mediterráneo.
Pues bien, Napoleón esperaba que España ayudase a Francia a cumplir los objetivos de la ocupación de Portugal, pero además, esperaba que España quedase inmediatamente incorporada al sistema imperial. El propio Napoleón en Santa Elena diría: "Esta desgraciada guerra me perdió". Y es que Napoleón contaba con que sus tropas conocieran bien el terreno, con que el enemigo no empleara los mismos métodos, y esperaba combatir contra ejércitos tradicionales y no contra un pueblo volcado en la guerrilla.


Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

LA PEPA: EL SUEÑO CONSTITUCIONALISTA. II. EL INICIO DE LA CRISIS.


El conde de Floridablanca y el conde de Aranda encarcaban respectivamente la renovación adminsitrativa, económica y cultural, y el mantenimiento de las estructuras de poder. El primero se echó atrás ante el cariz que tomaba la revolución del país vecino y entonces se dispuso que fuera Godoy quien encabezara los asuntos de Estado.
Pero la decisión estaba tomada: bajo ningún concepto se permitiría que las ideas de la Revolución Francesa penetraran en España y, por tanto, la censura cobró mayor protagonismo, se reforzó la frontera con Francia y se tomaron las medidas necesarias para presionar al gobierno francés con el fin de que detuviera el camino que había emprendido.
Para ello, el gobierno de Carlos IV contaba con el apoyo de la nobleza y el Clero quienes no dudaron en apoyar el cierre de los periódicos, en controlar las Sociedades de Amigos del País y en reforzar el papel de la Inquisición, todavía activa, en el control que ejercía sobre las obras de los ilustrados Rousseau y Montesquieu. A pesar de estas medidas, los ecos de la revolución llegaron a través de revueltas, tumultos y pasquines mientras aumentaba el descontento popular sobre Godoy, principal amenaza para el Príncipe de Asturias, futuro heredero del trono.


Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.

martes, 14 de febrero de 2012

La Pepa: el sueño constitucionalista.



LA ESPERANZA ILUSTRADA

En palabras del historiador francés Pierre Vilar, a finales del siglo XVIII España parece decidida a embarcarse en el capitalismo de manera que para favorecer la producción y el comercio se promueve la eliminación de aduanas interiores, el cobro de derechos sobre la importación y la exportación, se simplifica la reglamentación y se suprimen ciertos derechos gremiales. Otra serie de reformas se dirigen a la defensa de las tierras comunales y a la desamortización de bienes de la Iglesia y de la realeza. Pero, como ya es sabido, la reforma resultó tan vasta que apenas si se materializó, entre otras cosas porque la propiedad de los pueblos y ciudades estaba mayoritariamente en manos del clero y la nobleza. La lucha contra la corrupción y el nepotismo no sirvieron de mucho cuando a las puertas de la Revolución Francesa España seguía vacilante entre la renovación y el estancamiento.

EL INICIO DE LA CRISIS

El conde de Floridablanca y el conde de Aranda encarcaban respectivamente la renovación adminsitrativa, económica y cultural, y el mantenimiento de las estructuras de poder. El primero se echó atrás ante el cariz que tomaba la revolución del país vecino y entonces se dispuso que fuera Godoy quien encabezara los asuntos de Estado.
Pero la decisión estaba tomada: bajo ningún concepto se permitiría que las ideas de la Revolución Francesa penetraran en España y, por tanto, la censura cobró mayor protagonismo, se reforzó la frontera con Francia y se tomaron las medidas necesarias para presionar al gobierno francés con el fin de que detuviera el camino que había emprendido.
Para ello, el gobierno de Carlos IV contaba con el apoyo de la nobleza y el Clero quienes no dudaron en apoyar el cierre de los periódicos, en controlar las Sociedades de Amigos del País y en reforzar el papel de la Inquisición, todavía activa, en el control que ejercía sobre las obras de los ilustrados Rousseau y Montesquieu. A pesar de estas medidas, los ecos de la revolución llegaron a través de revueltas, tumultos y pasquines mientras aumentaba el descontento popular sobre Godoy, principal amenaza para el Príncipe de Asturias, futuro heredero del trono.

Resumen de: Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Solé Tura. J. y Aja. E.: Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936)
Anes.G.: El Antiguo Régimen: Los Borbones.

LA REPERCUSIÓN DE LA POLÍTICA NAPOLEÓNICA.

Las ideas de los girondinos de extender la revolución a toda Europa y, por tanto, conquistarla, triunfaron finalmente. Europa se enfrenta a las ideas revolucionarias y a su carácter expansionista.
Los pueblos conquistados integraban el imperio y por tanto lo mantenían con sus impuestos y con sus levas, pero en el plano económico no podían hacer sombra a la productividad francesa. Se trataba de que esos países fuesen mercados en los que colocar los productos franceses y que a su vez fuesen proveedores de su industria. En definitiva, una política vejatoria que acompañada de decretos contra los países conquistados, no buscaba otro fin que el de la consolidación de la burguesía francesa.
Desde luego que en ese terreno, iba a toparse con el poderío de Inglaterra quien, de una manera indirecta, iba a apoyar cualquier movimiento de liberación en Europa así como competir buscando mercados en los que  colocar los productos de su industria.
La lucha en ambos terrenos estaba servida y, por eso, la Península Ibérica cobraba un interés especial. España y Portugal eran dos potencias coloniales; la primera poseía una gran armada que podía servir a los intereses de Francia para combatir a Inglaterra en el mar. La segunda era aliada de Inglaterra y eso la convertía en enemigo real.
Tras el fracaso de Trafalgar, 1805, el tratado de Fontainebleau, 1807, sella el reparto de Portugal, al sur del cual Godoy, el Príncipe de la Paz constituiría un pequeño reino después de que las tropas francesas penetrasen por España para consumar la ocupación del vecino país.
Como dijo Aymes: "La expedición a España deriva de una serie de consideraciones entre las que se encuentran mezcladas la debilidad militar del estado vecino, la complacencia de los soberanos españoles, la presión de los fabricantes franceses, la necesidad de arrojar a los ingleses de Portugal, la enemistad del Emperador hacia la dinastía de los Borbones y los imperativos de una estrategia política para el conjunto del Mediterráneo.
Pues bien, Napoleón esperaba que España ayudase a Francia a cumplir los objetivos de la ocupación de Portugal, pero además, esperaba que España quedase inmediatamente incorporada al sistema imperial. El propio Napoleón en Santa Elena diría: "Esta desgraciada guerra me perdió". Y es que Napoleón contaba con que sus tropas conocieran bien el terreno, con que el enemigo no empleara los mismos métodos, y esperaba combatir contra ejércitos tradicionales y no contra un pueblo volcado en la guerrilla.

EL MOTÍN DE ARANJUEZ.

El motín de Aranjuez fue preparado por una parte de la nobleza, el apoyo del clero. Un golpe de estado encaminado a frenar una serie de reformas molestas para los defensores del antiguo régimen, si bien el pueblo lo veía como la liberación del Príncipe de Asturias frente a las maquinaciones del valido Godoy. Intervino de manera directa una parte del pueblo que dependía directamente de quienes lo organizaron. El resultado fue la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII.

Carta de Carlos IV a Napoleón, informando de su abdicación forzada (23-03-08)

Carta del rey Carlos IV al emperador Napoleón en Aranjuez á 23 de marzo de 1808, en la que le informa que "Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias, cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida ó la muerte" ; y en la que se subordina totalmente á Napoleon.
« Señor mi hermano : V. M. sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas ; y no verá con indiferencia á un rey, que forzado á renunciar la corona, acude á ponerse en los brazos de un grande monarca aliado suyo, subordinándose totalmente á la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y la de sus fieles vasallos. Yo no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias, cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida ó la muerte, pues esta última se hubiera seguido después de la de la reina.
Yo fui forzado á renunciar ; pero asegurado ahora con plena confianza en la magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la reina y la del príncipe de la Paz.
Dirijo á V. M. I. y R. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confío en el corazón y amistad de V. M., con lo cual ruego á Dios que os conserve en su santa y digna guarda. De V. M. I. y R. su muy afecto hermano y amigo. Carlos »

Fontana. J.: La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.

Como afirma Artola, M. en La burguesía revolucionaria, los planes de Napoleón cambiaron a partir de la renuncia de Carlos IV. Ahora les obligaría a abdicar a sus derechos así como a sus descendientes, y los cedería a él mismo. Desde ese momento, Napoleón podía nombrar rey a quien quisiera, siempre que mantuviera la unidad del reino y conservase el catolicismo como única religión.
Napoleón utilizaría las Cortes para entronizar a José I y otorgar la primera constitución a España, lo cual era del agrado de los grupos partidarios de la reforma de la monarquía.

He aquí el texto de proclamación de José Bonaparte como rey de España. Junio de 1808.

Napoleón por la gracia de Dios, Emperador de los franceses, Rey de Italia, Protector de la Confederación del Rhin (...).
La Junta de Estado, Consejo de Castilla, la villa de Madrid, etcétera, habiéndonos por sus exposiciones hecho entender que el bien de España exigía que pusiese prontamente término al interregno, hemos resuelto proclamar, como Nos proclamamos por las presentes, Rey de España y de las Indias a nuestro muy amado Hermano José Napoleón, actualmente Rey de Nápoles y Sicilia. 
Garantizamos al Rey de las Españas la independencia e integridad de sus estados, así los de Europa, como los de África, Asia y América. Y encargamos que el Lugar-Teniente General del reino, los ministros y el Consejo de Castilla hagan expedir y publicar la presente proclamación en las formas acostumbradas, para que nadie puede alegar ignorancia. 
Dado en nuestro palacio imperial de Bayona el 6 de junio de 1808. Napoleón. Por el Emperador, el ministros Secretario de Estado Hugo B. Maret. 
Gaceta de Madrid, 14 de junio de 1808


Anes G. El Antiguo Régimen. Los Borbones.
Artola M. La burguesía revolucionaria.
Aymés J.R. La Guerra de la Independencia en España.
Fontana J. La crisis del Antiguo Régimen. 1808-1833.
García Nieto C. Y otros. Revolución y Reacción V.I.
Lovett G.H. La Guerra de la Independencia y el nacimiento de la España contemporánea.
Marx y Engels. Revolución en España.
Pabón, Comellas, Sosa. Historia contemporánea General.
Sainz de Varanda R. Colección de leyes fundamentales.
Solé Tura y Aja E. Constituciones y periodos constituyentes en España. (1808-1936).
Tuñón de Lara M. La España del siglo XIX.
Vilar P. Historia de España.




martes, 7 de febrero de 2012

Charles Dickens: realismo y sentimentalismo.

La novela victoriana tiene a uno de sus máximos exponentes en Charles Dickens, cuyo genio literario se forjó al calor del éxito y la proliferación de las novelas por entregas, todo un negocio para escritores y editores.
Dickens no pudo abstenerse a participar del engranaje comercial de fama y popularidad en la que se hallaban inmersos él y el resto de escritores coetáneos de la Inglaterra de mediados del siglo XIX y por eso sus novelas son permeables a la influencia y los condicionamientos que ejercían el clamor y la opinión de los lectores.
Con el bagaje de los escritores ingleses del XVIII, Dickens publicó Pickwick, la primera novela realista inglesa, una obra no exenta de un sentimentalismo que agradaba a su público burgués y con la que lejos de buscar la crítica social, hay una complacencia en la objetividad del documentalista, en cuyas descripciones no desaparecen  nunca buenas dosis de humor.
Seguramente, de los bajos fondos londinenses nace una intención más comprometida que se manifiesta en Oliver Twist, 1837, al año siguiente de su primera novela, pero ya hemos comentado cómo las demandas del público lector condicionaron su obra, de manera que Dickens no completa el retrato de corrupción e injusticia sociales y se inclina hacia una novela con final feliz para descargo de algunas conciencias.
Así, en 1843 sale a la luz Canción de Navidad de la mano de un autor complaciente con la clase social dominante. Una obra moralizadora que se suma a la lista de un conjunto de entregas navideñas en la que el egoísmo de Scrooge atenta contra los principios fundamentales en los que se reconoce el ser humano.
Habrá que esperar hasta 1850 para descubrir a un Dickens, más alejado del simplismo y la sensiblería, que retoma el mundo de la infancia como protagonista, revestida ahora de mayor autenticidad y trazos autobiográficos que a algunos ha hecho pensar que reflejan una niñez de pobreza que Dickens no tuvo. Así, David Copperfield es una novela muy completa tanto en su concepción narrativa como por la interesante perspectiva social que acompaña a la narración.
Esa línea continúa Tiempos difíciles, 1854, quizá la obra más inteligente del autor y la más actual desde el punto de vista del análisis mordaz de un capitalismo en pleno desarrollo.
Estos títulos y otros menos conocidos configuran el legado de un autor que disfrutó en vida de un éxito y un reconocimiento que ha llegado hasta nuestros días, de una popularidad a la que han contribuido no sólo el hecho de legarnos una obra cercana a la sensibilidad del ser humano sino las múltiples versiones cinematográficas que han plasmado en imágenes nuestras lecturas.

sábado, 12 de febrero de 2011

El Tesoro de Sebastián de Covarrubias.

Entre 1492, fecha de la primera Gramática europea de una lengua vulgar, la española de Nebrija, y el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, 1739, se sitúa el Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, obra de Sebastián de Covarrubias.
Si bien, en cuanto a las gramáticas en lengua vulgar, España se adelantó al resto de Europa, no fue éste el caso del diccionario de Covarrubias, llamado como tantos otros en la época, tesoro.
El de Covarrubias es más que un diccionario y menos que una enciclopeida como hoy los entendemos ya que está plagado de comentarios, citas, curiosidades, refranes, etc., de tal suerte que puede leerse sin que resulte árido y no sólo consultarse.
Como ejemplo de lo que digo valga esta muestra:



Definición:
GORRA. Es ornamento de la cabeza, con que andamos en la ciudad o villa, y cuando se ha de hacer visita y estar en alguna congregación pública con traje y hábito decente.
Excursos:
Y cuando se va por la calle, si llueve o hace sol o viento, o mucha frialdad, tomamos sombreros, aunque ya este buen término se va estragando; y no tan solamente seglares, pero aun clérigos traen de ordinario sombreros.
Expresiones compuestas:
Llamaron medias gorras aquellas cuya faldilla caía derecha la mitad, y cubría el pestorejo y las orejas, y con una toquilla que formaba una rosa en medio de la coronilla; y esta era cobertura de letrados y consejeros de los reyes.
Frases hechas:
Ser duro de gorra, esperar a que el otro se la quite primero.
Refranes y dichos:
Para notar a uno de cornudo suelen usar de un término en dialogismo, diciendo uno de la conversación, cuando el cornudo pasa por delante: «Ponte su gorra», y responde el otro: «Más quiero andar en chamorra [trasquilado]».
Derivados:
Gorrón
, gorra grande. [...] En el Andalucía llaman gorrones a los gusanos de seda, que habiendo pasado las comidas y a las dormidas, al tiempo que los demás suelen hilar sus capullos, se están ellos quedos y engorran el desbabar.
Etimologías:
Y hase de advertir que Diego de Urrea dice que gorrón es nombre arábigo, de gurarum, que vale engaño.
Historia:
Los romanos, en tiempo de paz, no traían nada sobre la cabeza; pero los muy regalados, si llovía o hacía mucho sol, echaban una punta de la toga sobre la cabeza, y si topaban en el camino algún personaje a quien se debía hacer cortesía, descubrían la cabeza, que en latín responde aperire caput; y por no entender algunos el modo de llevarla cubierta, tuvieron por cierto que se cubrían con particular cobertura señalada para traer sobre la cabeza. Sin embargo desto, los que eran enfermos della, de modo que les obligase a traerla cubierta (como agora a los que se ponen cofiezuelas y bonetillos) traían una mantellina cuadrada y corta sobre la cabeza en el teatro, porque estaban al sol y al aire y al agua y mal temporal. Les consentían llevar sombreros de falda larga y las umbelas, que eran como quitasol; no embargante que tendían encima sobre cuerdas tirantes unas velas o cielos; pero estas a veces las levantaba el aire y no se podían sustentar y tampoco resistían el gran calor del sol por caniculares. Fuera del teatro no usaban los sombreros, salvo cuando iban camino o habían de salir fuera de poblado.
Citas:
Y porque universalmente todas las criaturas deben reconocimiento a Dios, y el hombre, por natura y gracia habiéndole mejorado en tercio y quinto, entre las demás, ante su acatamiento toda cabeza se descubre y humilla, echando por tierra coronas y tiaras. Esto se nos representa en aquella revelación de San Juan, Apocalypsis, cap. 4: «Et cum darent illa animalia gloriam et honorem et benedictionem [...]».
Metacomentarios del autor:
Desto pudiera traer muchos lugares ['citas'], pero el curioso se los buscará, que me queda mucho camino por andar de aquí a que pueda cumplir con este trabajo que he emprendido. [Y a pesar del "mucho camino por andar" que le quedaba, Covarrubias aún estiró esta entrada, que iba por las mil palabras, en otras seiscientas].
Recuerdos personales:
La gorra es cobertura de cabeza de hombre seglar, y antiguamente los criados de los estudiantes en Salamanca traían capas y gorras, de donde tomaron el nombre de capigorristas; pero como teniendo cursos era tan bueno Pedro como su amo, en el voto algunas veces dan o quitan ellos las cátredas; y por eso el otro opositor en mi tiempo, les captaba la benevolencia por un gracioso rodeo, diciendo: «Los señores mis señores, que sirven a otros señores, mereciendo ser servidos, y yo les soy servidor».

Así que, para conmemorar el cuarto centenario de tan magna obra, propongo que cada uno de nosotros brindemos con palabras, que cada uno elija aquélla que por razones diferentes significa algo para sí mismo, da igual el motivo y embriaguémonos de palabras, ahora que he roto el silencio.



PARA EMPEZAR PROPONGO BRINDAR CON LA PALABRA "LASCA" que en mi casa se empleaba no para referirse al fragmento que se desprende de una piedra, sino con el significado de "loncha" o "trocito de cualquier vianda o alimento que se corta para comerse". Cosas de Extremadura. "Párteme una lasca de chorizo, anda".

viernes, 22 de octubre de 2010

Antología poética de Miguel Hernández (1º E.S.O).

Poesías de Miguel Hernández

SILBOS. (1933-34)

EL SILBO DEL DALE


Dale al aspa, molino,
hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,
hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,
hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,
hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, a mi alma
hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale
molino, piedra, aire,
cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.

Dale que dale, Dios,
¡ay!
Hasta la perfección.
¿Cuándo aceptarás, yegua,
el rigor de la rienda?

¿Cuándo, pájaro pinto,
a picotazo limpio

romperás tiranías
de jaulas y de ligas,

que te hacen imposibles
los vuelos más insignes

y el árbol más oculto
para el amor más puro?

¿Cuándo serás, cometa,
para función de estrella,

libre por fin del hilo
cruel de otro albedrío?

¿Cuándo dejarás, árbol,
de sostener, buey manso,

el yugo que te imponen
climas, raíces, hombres,

para crecer atento
sólo al silbo del cielo?

¿Cuándo, pájaro, yegua,
cuándo, cuándo, cometa,

¡ay!, ¿cuándo, cuándo, árbol?
¡Ay! ¿cuándo, cuándo, cuándo?

Cuando mi cuerpo vague,
¡ay!
asunto ya del aire.

EL RAYO QUE NO CESA (1934-35)

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!


Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.
Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.
Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.
Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón
Sijé, con quien tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi   herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

SINO SANGRIENTO

De sangre en sangre vengo
como el mar de ola en ola,
de color de amapola el alma tengo,
de amapola sin suerte es mi destino,
y llego de amapola en amapola
a dar en la cornada de mi sino.

Criatura hubo que vino
desde la sementera de la nada,
y vino más de una,
bajo el designio de una estrella airada
y en una turbulenta y mala luna.

Cayó una pincelada
de ensangrentado pie sobre mi vida,
cayó un planeta de azafrán en celo,
cayó una nube roja enfurecida,
cayó un mar malherido, cayó un cielo.

Vine con un dolor de cuchillada,
me esperaba un cuchillo a mi venida,
me dieron a mamar leche de tuera,
zumo de espada loca y homicida,
y al sol el ojo abrí por vez primera
y lo que vi primero era una herida
y una desgracia era.

Me persigue la sangre, ávida fiera,
desde que fui fundado,
y aun antes de que fuera
proferido, empujado
por mi madre a esta tierra codiciosa
que de los pies me tira y del costado,
y cada vez más fuerte, hacia la fosa.

Lucho contra la sangre, me debato
contra tanto zarpazo y tanta vena,
y cada cuerpo que tropiezo y trato
es otro borbotón de sangre, otra cadena.

Aunque leves, los dardos de la avena
aumentan las insignias de mi pecho:
en él se dio el amor a la labranza,
y mi alma de barbecho
hondamente ha surcado
de heridas sin remedio mi esperanza
por las ansias de muerte de su arado.

Todas las herramientas a mi acecho:
el hacha me ha dejado
recónditas señales,
las piedras, los deseos y los días
cavaron en mi cuerpo manantiales
que sólo se tragaron las arenas
y las melancolías.
Son cada vez más grandes las cadenas,
son cada vez más grandes las serpientes,
más grande y más cruel su poderío,
más grandes sus anillos envolventes,
más grande el corazón, más grande el mío.

En su alcoba poblada de vacío,
donde sólo concurren las visitas,
el picotazo y el color de un cuervo,
un manojo de cartas y pasiones escritas,
un puñado de sangre y una muerte conservo.

¡Ay sangre fulminante,
ay trepadora púrpura rugiente,
sentencia a todas horas resonante
bajo el yunque sufrido de mi frente!

La sangre me ha parido y me ha hecho preso,
la sangre me reduce y me agiganta,
un edificio soy de sangre y yeso
que se derriba él mismo y se levanta
sobre andamios de huesos.

Un albañil de sangre, muerto y rojo,
llueve y cuelga su blusa cada día
en los alrededores de mi ojo,
y cada noche con el alma mía,
y hasta con las pestañas lo recojo.

Crece la sangre, agranda
la expansión de sus frondas en mi pecho
que álamo desbordante se desmanda
y en varios torvos ríos cae deshecho.

Me veo de repente,
envuelto en sus coléricos raudales,
y nado contra todos desesperadamente
como contra un fatal torrente de puñales.
Me arrastra encarnizada su corriente,
me despedaza, me hunde, me atropella,
quiero apartarme de ella a manotazos,
y se me van los brazos detrás de ella,
y se me van las ansias en los brazos.

Me dejaré arrastrar hecho pedazos,
ya que así se lo ordenan a mi vida
la sangre y su marea,
los cuerpos y mi estrella ensangrentada.
Seré una sola y dilatada herida
hasta que dilatadamente sea
un cadáver de espuma: viento y nada.

VIENTO DEL PUEBLO (1937)
Vientos del pueblo me llevan
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones se levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo del asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpago,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
brutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor a cuadra:
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza bien alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
EL NIÑO YUNTERO
Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador
Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón
de los hombros jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.
CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
He poblado tu vientre de amor y sementera
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo
y a reforzar tus penas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una loca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garra.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y de brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
EL HOMBRE ACECHA (1937-39)
CARTA.
El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sufrimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que solo persigue,
para nido aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Ayer se quedó una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelando, humano,
sin ojos que puedan verlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán,
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.
EL TREN DE LOS HERIDOS
Silencio que naufraga en el silencio
de las bocas cerradas de la noche.
No cesa de callar ni atravesado.
Habla el lenguaje ahogado de los muertos.

Silencio.
Abre caminos de algodón profundo,
amordaza las ruedas, los relojes,
detén la voz del mar, de la paloma:
emociona la noche de los sueños.
Silencio.
El tren lluvioso de la sangre suelta,
el frágil tren de los que se desangran,
el silencioso, el doloroso, el pálido,
el tren callado de los sufrimientos.
Silencio.
Tren de la palidez mortal que asciende:
la palidez reviste las cabezas,
el ¡ay! la voz, el corazón la tierra,
el corazón de los que malhirieron.
Silencio.
Van derramando piernas, brazos, ojos,
van arrojando por el tren pedazos.
Pasan dejando rastros de amargura,
otra vía láctea de estelares miembros.
Silencio.
Ronco tren desmayado, envejecido:
agoniza el carbón, suspira el humo
y, maternal, la máquina suspira,
avanza como un largo desaliento.
Silencio.
Detenerse quisiera bajo un túnel
la larga madre, sollozar tendida.
No hay estaciones donde detenerse,
si no es el hospital, si no es el pecho.
Silencio.
Para vivir, con un pedazo basta:
en un rincón de carne cabe un hombre.
Un dedo solo, un solo trozo de ala
alza el vuelo total de todo un cuerpo.
Silencio.
Detened ese tren agonizante
que nunca acaba de cruzar la noche.
Y se queda descalzo hasta el caballo,
y enarena los cascos y el aliento.
EL HERIDO
Para el muro de un hospital de sangre.

I

Por los campos luchados se extienden los heridos.
Y de aquella extensión de cuerpos luchadores
salta un trigal de chorros calientes, extendidos
en roncos surtidores.

La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo.
Y las heridas suenan, igual que caracolas,
cuando hay en las heridas celeridad de vuelo,
esencia de las olas.

La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega.
La bodega del mar, del vino bravo, estalla
allí donde el herido palpitante se anega,
y florece, y se halla.

Herido estoy, miradme: necesito más vidas.
La que contengo es poca para el gran cometido
de sangre que quisiera perder por las heridas.
Decid quién no fue herido.

Mi vida es una herida de juventud dichosa.
¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente
herido por la vida, ni en la vida reposa
herido alegremente!

Si hasta a los hospitales se va con alegría,
se convierten en huertos de heridas entreabiertas,
de adelfos florecidos ante la cirugía,
de ensangrentadas puertas.

II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS. (1938-41)
El cementerio está cerca
de donde tú y yo dormimos,
entre nopales azules,
pitas azules y niños
que gritan vívidamente
si un muerto nubla el camino.

De aquí al cementerio, todo
es azul, dorado, límpido.
Cuatro pasos, y los muertos.
Cuatro pasos, y los vivos.

Límpido, azul y dorado,
se hace allí remoto el hijo.
TRISTES GUERRAS

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
Aunque tú no estás, mis ojos
de ti, de todo, están llenos.
No has nacido sólo a un alba,
sólo a un ocaso no he muerto.

El mundo lleno de ti
y nutrido el cementerio
de mí, por todas las cosas,
de los dos, por todo el pueblo.

En las calles voy dejando
algo que voy recogiendo:
pedazos de vida mía
perdidos desde muy lejos.
.
Libre soy en la agonía
y encarcelado me veo
en los radiantes umbrales,
radiantes de nacimientos.

Todo está lleno de mí:
de algo que es tuyo y recuerdo
perdido, pero encontrado
alguna vez, algún tiempo.

Tiempo que se queda atrás
decididamente negro,
indeleblemente rojo,
dorado sobre tu cuerpo.

Todo está lleno de ti,
traspasado de tu pelo:
de algo que no he conseguido
busco entre tus huesos.
Déjame que me vaya,
madre, a la guerra.
Déjame, blanca hermana,
novia morena.
Déjame.
Y después de dejarme
junto a las balas,
mándame a la trinchera
besos y cartas.
Mándame.
GUERRA
Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.
ÚLTIMOS POEMAS
A MI HIJO

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reír, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.
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NANAS DE LA CEBOLLA.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en lunas
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete niño
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.