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sábado, 24 de diciembre de 2011

Casas I.

Uno de los topónimos con mayor arraigo en la geografía española es, sin duda, el de Casas.
Aparece como base simple sobre la que se añaden complementos del nombre, ya sean adjetivos o sintagmas preposicionales,como palabra compuesta con o sin complementos o bien acompañado de nombres propios o comunes. Además, incluimos la familia léxica de casa, bien sea casar o caserío, o bien los diminutivos o despectivos.
Las provincias españolas que registran mayor número de topónimos con este nombre son Albacete, con 102 y Cáceres y Cádiz con 29; a continuación, Valencia, con 21, Cuenca, con 19, Las Palmas de Gran Canaria, con 11 y Murica y Salamanca, con 10. Las Baleares registran 12 topónimos, pero parece que muchas de ellas son urbanizaciones recientes.
La mayor parte de ellos se localizan en la mitad sur de España y no hemos encontrado pueblos con este nombre ni en Huelva ni el País Vasco.
El topónimo "Casa" procede del latín Casa, definido como habitáculo rural o casa de campo al que se añade el sufijo -arius que da -ero, abreviado en -ar, que alude a conjunto de casas dispersas en el campo que no llegan a formar población.
Puede aparecer en singular o plural, con artículo o sin él o con diminutivo.
"Casal" es sinónimo de "caserío" y "casa de pueblo", como conjunto de casas dispersas o lugar en ruinas.
Con esta entrada iniciamos un conjunto de capítulos dedicados a los más de 350 que se reparten por la geografía española. Y conectamos con "Casielles", en Asturias, que ya había aparecido en este blog.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sólo hay acción.



NO EXISTE EL BIEN, NO EXISTE EL MAL,
NO HAY VIDA EN LA MUERTE, NO HAY MUERTE EN LA VIDA,
NO EXISTE LA GUERRA, NO EXISTE LA PAZ,
LA SÍNTESIS ES TU VOLUNTAD.
NO EXISTE EL DESTINO, NO HAY LIBERTAD,
LA SÍNTESIS ES TU VOLUNTAD.
NO EXISTEN DIOSES NI RELIGIÓN,
TAN SÓLO EXISTE SUPERSTICIÓN.
SÓLO HAY ACCIÓN.

El Aviador DRO y sus obreros especializados.

La fragilidad del ser humano.



Desde la integridad del ser humano, es fácil juzgar a los que nos rodean, pero cuando la integridad se ha ido perdiendo, desmenuzando por los envites de la vida, entonces, se descubre la verdadera dimensión del ser humano y sólo entonces se evidencia su verdadera integridad.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Sarna con gusto no pica.

Una vez más la fiesta de la democracia ha sido un éxito. Sus ritos se han desarrollado de acuerdo con lo establecido en una jornada otoñal, muy nubosa y en oscasiones lluviosa. Es verdad que la participación ha descendido un poco con respecto a las últimas elecciones generales, pero ha de decirse que, a pesar de todo, ha sido alta.
Una vez más, la procesión de ciudadanos recuperaba con pausado ritmo la senda de las urnas a la hora del aperitivo, conscientes de la trascendencia del acto.
Acuciados por el paro y por la crisis financiera, la que ha tenido siempre la sufrida clase media, los españoles sabían que había llegado el momento de cambiar, quizá para que todo siguiera igual, pero, al menos, con la seguridad de que el gobierno electo nos iba a dar leña avisando, aunque de manera timorata, de sus intenciones; lo cual es de agradecer.
Así que hemos expulsado a un gobierno que negó la crisis desde el inicio de su legislatura, a un gobierno que rectificó una y otra vez hasta la enésima intentona por no renegar de sus principios mientras renegaba de sus principios, a un gobierno que tuvo que traicionarse a sí mismo y a sus electores en virtud de los dictados del capital y ahora elegimos a otro que avisa de que saldremos de la crisis a base de recortes, caiga quien caiga. ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas.
Y es que, mientras las agencias de calificación se despachan a gusto y Merkel, acompañada de su perrito faldero, nos dan lecciones de cómo proteger sus legítimos intereses, los PIIGS de Europa (y pongo dos íes por no olvidarme de la macarrónica Italia), nos debatimos entre utilizar la tijera, la podadera o directamente la guadaña. Nos movemos en un espacio poblado de cuchillas afiladas mientras vemos aumentar o descender la prima de riesgo por encima o por debajo de los 400 puntos básicos.
Que dónde está Rajoy, nos preguntamos todos. Trabajando, por supuesto, no es para menos, porque quiero creer que no estará afilando las hojas de la resplandeciente cizalla que con tanto celo oculta. A lo peor se ha cercenado la lengua con su filo.
No quiero pensar tampoco que el nuevo presidente tenga miedo a afrontar el reto que le ha deparado la coyuntura inter-nacional, aunque no hay que descartar el hecho de que considere quizá que haya llegado él para hacer bueno a Zapatero. El tiempo pondrá en su sitio a tan denostado presidente.
Si el mundo se debate entre la tala incontrolada de los progresos del estado de bienestar y la búsqueda desesperada de los brotes verdes, los españoles ya hemos decidido que queremos una España azul, y que nos va la marcha, que de eso entendemos bastante, pero luego, cuando empiecen a caer la sanidad y la educación públicas, cuando los sueldos se reduzcan, cuando los beneficios sociales pasen a ser un privilegio inasumible, espero que aquéllos que esconden su voto, como Mariano sus intenciones, no me calienten las orejas con su queja plañidera.
Otra cosa bien diferente será que empecemos a pensar que hay otras opciones más allá del maniqueo PP-PSOE y que los españoles nos concienciemos de que nos merecemos otra democracia más representativa y menos mentirosa, y que más allá de los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas debe existir un Estado que ejerza como tal. Necesitamos la renovación del Estado. Comencemos por adelgazar las instituciones y a los burócratas y preservemos en la medida de lo posible la republica.

martes, 11 de octubre de 2011

Defensa de la Hispanidad.

En 1934, Ramiro de Maeztu escribía su Defensa de la Hispanidad con la intención de revalorizar el papel jugado por España en la Historia y la finalidad de contribuir a la construcción de un proyecto que situara a la nación a la altura de los ideales que, según él, inspiraron la España Imperial. No se trata del Maeztu que reprochara a los españoles haber sacrificado su futuro por Dios y la Iglesia, una vez ocurrido el Desastre del 98, sino de aquel otro, que sin haber abandonado el espíritu cristiano que siempre le acompañó, colaborara con sus ideas al afianzamiento de las corrientes tradicionalistas, conservadoras y fascistas que se prodigaron durante la Segunda República.
         La Hispanidad no necesita nuevas cruzadas ni nuevas misiones evangelizadoras, pero, sin entrar a valorar las tesis defendidas por Maeztu, que son producto de un contexto histórico y de una evolución personal concretos, creemos que la Hispanidad necesita hoy en día reforzar su identidad para construir sobre ella un futuro más próspero. Una identidad conseguida tras un recorrido de quinientos años en los que se ha consolidado una cultura diferenciada, por ejemplo, de la anglosajona o del islam, por citar algunos. La Hispanidad es lo que es y negarlo sería de necios.
         Por eso creemos que no se debe apelar al concepto que define nuestra identidad en vano y menos para hacer Patria desde el paternalismo, sino en todo caso desde la hermandad de todos los hispanoamericanos sostenida sobre tres grandes pilares: el temporal, el espacial y el lingüístico.
En cuanto al eje temporal, nadie duda de que la Historia constituye el primer signo de identidad de los pueblos y naciones puesto que los consolida como comunidades definidas a través de una serie de hitos reconocibles por todos y ante todos. La memoria que éstos tienen de sí mismos es fundamental para darles continuidad y proyección futura, aun en tiempos de decadencia, y es preciso que las lecturas revisionistas de los acontecimientos pasados se hagan desde la complacencia y con un espíritu crítico necesario para concluir políticas comunes de progreso, expurgando miedos y complejos derivados de quienes difundieron la leyenda negra. Nuestra historia común no puede olvidarse, frivolizarse o pasarse por alto como si fuera algo prescindible o indigno; tampoco puede nadie en nombre de ninguna ideología apropiarse de ella porque no está sujeta a la exclusividad  de ninguna clase social ni de ningún partido político. La Hispanidad no puede reducirse a preceptos simplistas para apelar a su unidad. De modo que frente a la unidad, proponemos la comunidad
         En segundo lugar, la Hispanidad es fruto de un proceso de expansión territorial iniciado desde la península ibérica cuyos límites ha impuesto la historia a lo largo de los siglos. Ese ámbito, en el que podemos reconocer las huellas de nuestros antepasados, conforma la segunda de nuestras señas de identidad y debe entenderse como el hogar en el que quepan todos los hispanos sin distinción. Bajo este principio, los flujos migratorios sucedidos en el pasado con dirección a América y los que se producen en la actualidad hacia España, deben observarse como necesarios y enriquecedores para todos y no como un peligro. La Hispanidad se sustenta en la pluralidad de sus pueblos y naciones y en la diversidad cultural por encima de preceptos homogeneizadores. Es más, cruzado el umbral del siglo XXI, la Hispanidad debe ser la casa donde quepan todos aquellos ciudadanos del mundo que quieran convivir con nosotros y compartir nuestra cultura.
         Por último, la Hispanidad tiene en el español el signo más evidente de su identidad. A través de él se expresan y se comunican unos cuatrocientos millones de personas que expresan una manera de entender el mundo. Una lengua común compartida por tantas naciones se transforma necesariamente en un lazo de unión de primer orden que debe cuidarse y potenciarse sin ningún tipo de reparo, sobre todo cuando el español, hoy en día, debe soportar el empuje que ejercen otras lenguas cultural y económicamente dominantes.
         Así pues, defendemos la Hispanidad y reconocemos en nuestros semejantes a los “espíritus fraternos... que habrán de cantar nuevos himnos”, la defendemos de los “que apedrean las ruinas ilustres... o empuñan la daga suicida”; la defendemos con la Esperanza del que entonara en su día por ella un saludo optimista.

sábado, 8 de octubre de 2011

La educación finlandesa.

De todos es conocida la calidad de la educación pública en Finlandia y en ocasiones, si no hay nada mejor que hacer, dado que existe en España la afición de compararnos con otras realidades europeas, por qué no plantearnos cuáles son los secretos de tan loable sistema y cuáles las causas de que en España no levantemos cabeza.
Digo la educación finlandesa, puntera en Europa, como podríamos compararnos con la alemana o con la de nuestra tan imitada y admirada nación francesa. Aceptemos el reto de mirar tan alto (por lo de ocupar el número uno o dos del ranquin como por lo de estar al Norte) tomando como modelo de reflexión la que aporta la Señora Mullor en el artículo cuyo enlace dejo al final. Interesante artículo, por cierto, que derrama por sus poros un tufillo neoliberal y prejuicioso que da que pensar.
¿Pueden compararse dos países con sociedades tan diferentes entre sí, con sistemas educativos tan diferentes? No creo, pero no está mal que nos planteemos si podemos mejorar en algo. La respuesta sería: sí, podemos, yes, we can.
Podríamos empezar, de entrada, por cambiar a nuestros políticos, a nuestros Ministros de Educación, a los equipos de asesores (pedagogos también, por favor) que tanto se preocupan por cambiar las leyes en educación, movidos por intereses políticos y partidistas más que por ofrecer un respusta definitiva. ¿Para cuándo un consenso en educación en España?
A lo mejor, se me ocurre, gran parte del dinero destinado a educación se pierde en financiar un conjunto de parches poco afinados entre sí en vez de dedicarlos a la formación integral de los alumnos, y, a lo mejor, carecemos de una eficiente coordinación pedagógica y de un sistema que conecte la formación con la proyección laboral; aquí no vamos a hablar de la necesidad de reformar el mercado laboral y el sistema productivo. ¿Para cuándo un consenso en la reforma del mercado de trabajo y en la reconversión del sistema productivo?
Todo es mejorable. Los profesores podrían tener una mejor formación pedagógica, pero nuestros profesores no son peores que los finlandeses. Sencillamente, cuentan con una realidad social muy diferente. Han pasado por tribunales de oposición y hacen lo que pueden. Son funcionarios, hacen cumplir la ley, la ley que les limita y obliga a hacer y deshacer en una sociedad en la que no están suficientemente valorados o reconocidos.
No se trata de que cuenten con más privilegios, ni de que trabajen poco, ni de que se les pague más. Se trata de abordar la cuestión en todas sus variables con valentía y determinación, de apostar por la enseñanza pública de verdad y no de minarla cada vez más en beneficio de un sistema concertado o privado.
Es evidente que se puede mejorar.

http://ideasyanalisis.wordpress.com/2011/10/04/188/