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sábado, 20 de abril de 2013

Fetiche.

La puerta de casa se cerró. Como alguna otra mañana, antes de ir al trabajo, aprovecharía esos veinte minutos de margen antes de despertar a los niños para regalarse un poco de sexo; así que, con cierta premura se despojó del pijama y de la ropa interior, abrió el cajón de la mesita de noche, cogió el sujetador y se ciñó el pecho. No contaba con mucho tiempo. Se sentó sobre la cama y reclinó su cuerpo con la cabeza apoyada sobre el cabecero mientras sus manos comenzaban a moverse con impaciencia entre su pecho y su sexo, primero tímidamente y después con firmeza al ritmo de una excitación creciente que agitaba su vientre y tensaba sus piernas. Así, se dejó llevar impulsado por la imagen de su cuerpo desnudo ante el espejo del armario hasta liberar la tensión que encerraba dentro de sí desde tanto tiempo, ahogada en un gemido quebrado sobre la almohada.
Después, reposó unos segundos, guardó el sujetador en el cajón de su esposa y se dispuso a la rutina de llevar a los niños al colegio. Ese día ya no se iría de putas.

2 comentarios:

  1. Demoledor. Me encanta la etiqueta de "Historias del pene". Un abrazo, compañero.

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  2. Me parto de risa. A mí también me lo parece. Gracias, gracias, gracias. Un abrazo para ti también.

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